Un ensayo clínico señala que el fármaco orforglipron ofrece mejores resultados que la semaglutida, y encima resulta mucho más cómodo de tomar
La lista de medicamentos para adelgazar basados en la supresión del apetito sigue creciendo sin pausa. La industria farmacéutica pone ahora el foco en formatos más convenientes para el paciente, especialmente las pastillas de administración oral. Y precisamente en ese terreno, la semaglutida —principio activo de Ozempic, Wegovy y Rybelsus— acaba de encontrar un competidor oral que podría superarla tanto en pérdida de peso como en el control de la glucosa en sangre.
¿Qué es el orforglipron y cómo funciona?
El fármaco en cuestión se llama orforglipron, y lleva meses acaparando la atención de la comunidad científica. Se trata de un agonista del receptor GLP-1, lo que significa que actúa de manera similar a la semaglutida: imita la hormona GLP-1 que el propio organismo libera en el tracto gastrointestinal al detectar la ingesta de alimentos.
Este mecanismo tiene un doble efecto muy interesante. Por un lado, reduce el apetito y prolonga la sensación de saciedad. Por otro, estimula la producción de insulina, ayudando así a reducir los niveles de glucosa en sangre. Una combinación que lo convierte en candidato tanto para tratar la diabetes tipo 2 como para combatir la obesidad.
Una diferencia clave respecto a Ozempic o Rybelsus es que el orforglipron no exige tomarse con el estómago vacío, una restricción que muchos pacientes encuentran incómoda o difícil de cumplir en su día a día.
El primer ensayo que compara directamente orforglipron con semaglutida oral
Un estudio publicado recientemente en The Lancet es el primer ensayo clínico que enfrenta directamente los efectos del orforglipron con los de la semaglutida oral. Sus resultados están generando un considerable revuelo en el ámbito médico.
El ensayo, denominado ACHIEVE-3 de fase III, contó con más de 1.500 participantes diagnosticados con diabetes tipo 2. Estos pacientes procedían de centros de investigación médica y hospitales ubicados en Argentina, China, Japón, México y Estados Unidos. De forma aleatoria, cada participante recibió tratamiento con orforglipron en una de sus dos dosis disponibles, o bien con semaglutida en una de sus dos dosis, durante un período de doce meses.
Resultados: más pérdida de peso y mejor control glucémico
Los datos obtenidos son llamativos. Los participantes que tomaron orforglipron consiguieron, en promedio, una reducción mayor de los niveles de azúcar en sangre con ambas dosis, por encima de lo logrado con cualquiera de las dosis de semaglutida.
En cuanto al peso corporal, partiendo de una media aproximada de 97 kilogramos, quienes tomaron orforglipron adelgazaron más que los tratados con semaglutida. La pérdida osciló entre el 6 % y el 8 % del peso inicial con orforglipron, frente al 4 % y el 5 % registrado con semaglutida.
El lado menos favorable: más abandonos por efectos adversos
No todo son ventajas. El ensayo también reveló que aproximadamente un 10 % de los pacientes del grupo orforglipron abandonaron el tratamiento por efectos adversos, en su gran mayoría de naturaleza gastrointestinal. Este porcentaje contrasta con el 4-5 % de abandonos registrado en los grupos que tomaban semaglutida.
Es un dato relevante que los especialistas tendrán que sopesar a la hora de valorar qué fármaco resulta más adecuado para cada perfil de paciente.
¿Para quién podría ser una alternativa real?
Los autores del estudio concluyen que el orforglipron se perfila como una alternativa sólida para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y como opción para adelgazar, especialmente indicada para quienes prefieran medicarse mediante una pastilla en lugar de una inyección semanal.
Además, al no imponer restricciones sobre la ingesta de alimentos o líquidos antes de tomarlo, representa una opción más flexible y compatible con distintos estilos de vida. Una ventaja práctica que, para muchos pacientes, puede marcar la diferencia entre mantener el tratamiento o abandonarlo.













