No sé si eran felices, pero ni Platón ni Epicteto habrían rechazado estos buñuelos griegos con calabacín como protagonista

Un clásico impronunciable de la cocina griega que tiene al feta entre sus ingredientes esenciales

En la antigua Atenas, hace más de dos milenios, la gente andaba bastante ocupada reflexionando sobre la felicidad, la ética, la libertad y los fundamentos de la democracia. Preocuparse por el menú del día quedaba, quizás, en un segundo plano.

Y sin embargo, Grecia no es solo la cuna de grandes filósofos y el origen de la democracia occidental. Es también una cultura culinaria extraordinaria, capaz de convertir unos pocos ingredientes humildes en aperitivos memorables que cualquier mesa desearía tener.

Qué son los kolokithokeftedes y por qué merece la pena aprenderlos

Tierra de quesos, tomates frescos y huertas generosas, la cocina griega brilla precisamente por su sencillez. Un ejemplo perfecto son los llamados kolokithokeftedes, ese término impronunciable que vendría a traducirse, casi literalmente, como buñuelos o albóndigas de calabacín.

La palabra lo dice todo: kolokíthi significa calabacín y keftédes equivale a albóndiga o buñuelo. Este último término, además, bebe directamente de raíces turcas como el conocido köfte. Un pequeño viaje lingüístico que refleja siglos de intercambio cultural en el Mediterráneo oriental.

Pero dejando la lingüística otomana a un lado, lo que realmente importa es que se trata de una receta económica, sabrosa y sorprendentemente fácil. Una alternativa fantástica a las croquetas de toda la vida, aunque con una ventaja clara: exige mucho menos tiempo de preparación.

El secreto está en escurrir bien el calabacín

El proceso requiere algo de paciencia, pero el resultado lo justifica con creces. El primer paso es rallar el calabacín pelado junto con la cebolla y dejar que ambos reposen sobre un colador durante aproximadamente media hora. Este tiempo es fundamental para que suelten todo el exceso de agua.

Mientras tanto, se pican las hierbas frescas que se tengan a mano. En un bol aparte, se mezclan y machacan queso feta, queso de cabra, huevo, pan rallado, harina y las hierbas picadas hasta obtener una masa uniforme y bien integrada.

El montaje y la fritura

Una vez escurridos, se colocan el calabacín y la cebolla en otro recipiente, se salpimientan al gusto y se va incorporando poco a poco la mezcla anterior. Cuando la masa sea completamente homogénea, llega el momento de freír.

Con las manos o con ayuda de dos cucharas, se dan forma de pequeñas tortitas o buñuelos que se dejan caer sobre una sartén con aceite de oliva bien caliente. Apenas dos minutos de cocción por cada tanda son suficientes para que queden dorados y crujientes por fuera. Después, solo hay que escurrirlos sobre papel de cocina.

El acompañamiento perfecto: la salsa tzatziki

El toque final que convierte estos buñuelos en algo verdaderamente especial es servirlos junto a una buena salsa tzatziki. La cremosidad del yogur con pepino y ajo contrasta a la perfección con la textura crujiente de los kolokithokeftedes. Con eso en la mesa, cualquier filósofo griego habría abandonado sus discusiones con mucho gusto.

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