¿Las aguas aromatizadas embotelladas son tratadas? Expertos de 60 Millions de Consommateurs lo aclaran.

Una apariencia inofensiva que esconde muchas preguntas

Las botellas parecen de lo más inocentes: transparentes como el agua, con sabores tentadores y presencia garantizada en los lineales del supermercado.

Pero la pregunta de fondo es sencilla: ¿qué hay realmente dentro?

Las aguas aromatizadas se han posicionado en el mercado como una alternativa "más ligera" a los refrescos, envueltas en promesas de frescura y bienestar. Sin embargo, detrás de esas etiquetas llamativas se acumulan dudas sobre los tratamientos que reciben, el azúcar poco visible y el impacto económico que generan en las regiones donde se capta el agua.

¿Qué son exactamente las aguas aromatizadas?

A pesar del nombre, un agua aromatizada no equivale a un agua mineral natural ni a un agua de manantial. Aunque el agua base provenga del mismo nacimiento, la legislación europea y la práctica regulatoria —también en Francia— ubican estas bebidas en una categoría jurídica diferente.

Esa distinción legal tiene consecuencias muy concretas. El agua mineral natural, por ejemplo, no puede someterse a desinfecciones químicas que alteren su composición original. En cambio, un agua aromatizada, al dejar de ser "agua pura" y convertirse en una bebida con ingredientes añadidos, puede recibir intervenciones más parecidas a las que se aplican al agua del grifo, precisamente porque el producto final ya no es simplemente agua.

Las aguas aromatizadas se clasifican como bebidas, no como aguas minerales. Eso abre la puerta a tratamientos y formulaciones mucho más flexibles.

En esta categoría encontramos bebidas con sabor a limón, frutos rojos, melocotón o naranja, que con frecuencia incluyen colorantes, aromas naturales o artificiales, edulcorantes y, en muchos casos, azúcar.

¿Se tratan como el agua del grifo?

En el momento en que el agua recibe aroma, azúcar u otros aditivos, pasa a regirse por normas más próximas a las aplicables a refrescos y néctares, y no por las reglas específicas de las aguas minerales. En términos prácticos, esto se traduce en tres ideas clave:

  • puede ser filtrada y desinfectada de forma más amplia;
  • puede experimentar ajustes en su composición, siempre dentro de lo que contempla la normativa;
  • se evalúa como una bebida industrializada, no como agua embotellada "tal cual sale del manantial".

Según los expertos consultados por 60 Millions de consommateurs, la lógica es directa: al añadir ingredientes, la industria ya no está vendiendo agua tal y como brota de la fuente. A partir de ese momento, se abren opciones de tratamiento para garantizar la estabilidad, la seguridad microbiológica y una vida útil más larga.

Esto no significa que todas las aguas aromatizadas sean sometidas automáticamente a tratamientos intensivos. Significa, eso sí, que el marco legal permite intervenciones bastante más amplias que las autorizadas para el agua mineral natural.

Lo que no aparece en la etiqueta: transparencia limitada

Al comprar estas bebidas, el consumidor suele encontrar información clara sobre ingredientes, calorías, azúcares y edulcorantes. Sin embargo, es habitual que haya poca o ninguna indicación explícita sobre el tipo exacto de tratamiento al que se sometió el agua base antes de aromatizarla.

En muchas marcas, la etiqueta describe el sabor y los valores nutricionales, pero dice muy poco sobre qué se le hizo al agua antes de añadirle el aroma.

Para quien busca algo lo más cercano posible al agua pura, esta falta de detalle técnico puede resultar poco transparente.

El azúcar: el ingrediente que muchos prefieren ignorar

Existe un malentendido muy extendido: creer que el agua aromatizada es simplemente agua con un "toque" de sabor. Cuando se miran los números, la realidad puede ser bien distinta. Los datos recopilados por 60 Millions de consommateurs indican que gran parte de estas bebidas contiene cantidades relevantes de azúcar.

De media, un vaso de 200 ml aporta entre 5 y 10 g de azúcar. En algunas marcas, ese valor sube hasta 15 o 16 g, lo que equivale aproximadamente a 2,5 terrones de azúcar.

Este nivel se aproxima al de varias limonadas y bebidas gaseosas consideradas dulces. Dicho de otro modo, desde el punto de vista nutricional, muchas "aguas" aromatizadas se comportan más como refrescos ligeros que como agua.

Tipo de bebida (200 ml) Azúcar aproximado
Agua aromatizada "estándar" 5 a 10 g
Agua aromatizada más dulce 15 a 16 g
Limonada común 8 a 20 g

Para entender el impacto real en el día a día, basta con hacer cálculos sencillos:

  • 3 vasos de agua aromatizada con 10 g cada uno suman 30 g de azúcar en un solo día;
  • al cabo de una semana, eso supera los 200 g de azúcar procedente únicamente de esta bebida;
  • en el caso de los niños, el impacto proporcional es mayor, porque sus recomendaciones de ingesta diaria suelen ser más bajas.

Un negocio "dulce" también para los municipios

El crecimiento de las aguas aromatizadas aprovecha el tirón del mercado del agua embotellada, especialmente potente en Francia. Las aguas embotelladas "sin añadidos" mueven alrededor de 2.500 millones de euros al año. Dentro de ese universo, las versiones aromatizadas generaron por sí solas casi 200 millones de euros en ventas entre mayo de 2024 y mayo de 2025, según el instituto Circana.

Pero la historia no termina en la caja del supermercado. Los manantiales y fuentes explotados por las grandes marcas generan ingresos relevantes para los municipios donde se encuentran. Las empresas pagan una tasa por volumen captado que puede alcanzar los 0,58 € por hectolitro, sin contar lo que se exporta.

Existe además una contribución adicional de 0,53 € por hectolitro, destinada a financiar las pensiones de los agricultores no asalariados. En conjunto, hay localidades que se han vuelto bastante dependientes de este tipo de ingresos.

Volvic, Vittel, Évian-les-Bains y La Salvetat-sur-Agout reciben millones de euros al año únicamente a través de la explotación de sus aguas.

En 2024, Volvic encabezó el ranking con cerca de 3,8 millones de euros, seguida de Vittel con 2,3 millones, Évian-les-Bains con 2 millones y La Salvetat-sur-Agout con 1 millón de euros. Estas cifras ayudan a comprender por qué los debates sobre captación, tratamientos y etiquetado también implican presiones económicas locales.

Cómo elegir aguas aromatizadas con más criterio

Si te gusta el sabor pero quieres reducir riesgos y limitar el azúcar, hay pasos sencillos que suelen marcar la diferencia:

  • leer la etiqueta con atención, especialmente los gramos de azúcar por 100 ml;
  • comparar marcas, porque la variación entre productos puede ser considerable;
  • optar por versiones sin azúcar añadido o con bajo contenido en azúcar;
  • revisar la lista de ingredientes y el orden en que aparecen;
  • alternar con agua sin añadidos, para que el agua aromatizada no sea la única fuente de hidratación.

Una alternativa práctica es preparar en casa versiones artesanales de agua aromatizada: agua filtrada con rodajas de cítricos, hojas de menta, jengibre o té frío. El sabor no es idéntico al industrial, pero reduce significativamente el azúcar y los aditivos, y elimina cualquier duda sobre los procesos de elaboración.

Términos en la etiqueta que merecen una segunda lectura

Algunas expresiones son fáciles de malinterpretar:

  • "Aromas naturales": indica que las moléculas aromáticas tienen origen natural, no que el producto esté libre de procesamiento industrial;
  • "Sin azúcar añadido": significa que no se ha incorporado sacarosa, glucosa, fructosa, etc., pero puede haber azúcares naturalmente presentes, por ejemplo en zumos concentrados;
  • "Light" o "zero": generalmente apunta a menos calorías gracias al uso de edulcorantes; reduce el impacto calórico, pero no aclara por sí solo qué tratamientos recibió el agua.

Riesgos, beneficios y escenarios realistas en el consumo diario

En el día a día, quien sustituye un refresco por agua aromatizada puede, por término medio, reducir su ingesta de azúcar, sobre todo si elige versiones menos dulces o endulzadas con edulcorantes. En cambio, quien sustituye el agua sin sabor por estas bebidas puede aumentar considerablemente su consumo de azúcar sin darse cuenta.

Desde el punto de vista del riesgo, el aspecto más señalado por los especialistas sigue siendo el metabólico: una ingesta elevada de azúcar, especialmente en niños y adolescentes, se asocia a una mayor probabilidad de aumento de peso, alteraciones de la glucemia y caries. En cuanto a los tratamientos aplicados, siguen estándares de seguridad alimentaria comparables a los de otras bebidas industrializadas, aunque se pierde la idea de producto "natural tal como sale del manantial".

Un ejemplo concreto ayuda a entenderlo: en un día caluroso, si alguien bebe 2 litros en total y hace la mitad de ese consumo con una versión aromatizada que contiene 8 g de azúcar por 200 ml, termina ingiriendo 40 g de azúcar únicamente a través de esa elección. Dependiendo de las recomendaciones individuales, puede representar una porción importante del límite diario considerado adecuado.

Por el contrario, tomar una botella de agua aromatizada de forma ocasional —en una merienda, un picnic o un evento— tiene un impacto mucho menor, especialmente si la hidratación a lo largo de la semana se realiza principalmente con agua sin añadidos.

Hay además dos aspectos prácticos que raramente entran en la conversación. Primero, la acidez de algunas bebidas aromatizadas —especialmente las de cítricos— puede contribuir al desgaste del esmalte dental cuando se consumen con mucha frecuencia a lo largo del día. Segundo, el lado medioambiental: al ser un producto que se compra habitualmente en botella, su consumo regular puede incrementar el uso de plástico y la huella de transporte, algo a tener en cuenta cuando existe agua del grifo y alternativas caseras.

Al final, la opción más realista suele ser la alternancia, combinada con una lectura crítica de la etiqueta. El consumo consciente empieza por reconocer lo que se está comprando: una bebida aromatizada, tratada y en ocasiones endulzada para resultar agradable, y no un sustituto neutro del agua del filtro.

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