Tomar un vaso de leche al día podría reducir el riesgo de cáncer de intestino, según un estudio.

Un alimento cotidiano que gana protagonismo en la investigación oncológica

Cuanto más detalladamente analiza la ciencia lo que ponemos en el plato, más sorpresas aparecen. Y una de ellas llega desde el frigorífico: la leche está captando una atención creciente en la investigación sobre el cáncer.

Datos recientes procedentes de uno de los estudios de salud más grandes jamás realizados en el Reino Unido apuntan a que un vaso diario de leche podría asociarse a un menor riesgo de cáncer colorrectal. Este hallazgo añade matices a un debate que lleva décadas abierto: ¿hasta qué punto influye realmente la alimentación, sostenida a lo largo de los años, en el riesgo de desarrollar esta enfermedad?

Por qué el cáncer de intestino genera tanta preocupación

El cáncer colorrectal es el tercer tipo de cáncer más frecuente en el mundo, con cerca de dos millones de casos nuevos en 2022. Las tasas suelen ser más elevadas en países de renta alta, incluyendo gran parte de Europa Occidental, América del Norte y Australia.

En muchos casos, la enfermedad se desarrolla lentamente a lo largo de años, comenzando con pequeñas formaciones en el intestino conocidas como pólipos. La edad, los antecedentes familiares, el tabaquismo, la obesidad y el sedentarismo influyen en el riesgo, y la alimentación también juega un papel relevante.

Un dato epidemiológico ilustra bien la importancia del estilo de vida: cuando personas se trasladan desde países con menor incidencia de cáncer colorrectal hacia países con mayor incidencia, su riesgo tiende a acercarse al del país de acogida en una sola generación. Esto señala con fuerza el peso del entorno y los hábitos, incluyendo lo que se come y se bebe.

Qué dice realmente la nueva investigación sobre leche, calcio y cáncer colorrectal

El análisis se basa en el Estudio del Millón de Mujeres, un proyecto de largo recorrido que lleva siguiendo la salud y los hábitos de más de un millón de mujeres británicas desde finales de los años noventa.

En esta evaluación concreta, los investigadores se centraron en 542.778 participantes que completaron cuestionarios alimentarios detallados entre 1996 y 2001, y fueron seguidas durante una media de 16,6 años.

A lo largo de ese período, 12.251 mujeres recibieron un diagnóstico de cáncer colorrectal. Al cruzar las dietas autodeclaradas con quiénes acabaron desarrollando la enfermedad, emergió un patrón muy claro.

De los 97 factores alimentarios analizados, 17 mostraron asociaciones estadísticamente significativas con el riesgo de cáncer colorrectal. Los que más destacaron fueron el alcohol y el calcio.

El alcohol consumido a diario se asoció a un mayor riesgo. El calcio diario, procedente en gran medida de la leche y otros lácteos, se vinculó a un riesgo más bajo.

Las cifras concretas: cuánto alcohol, cuánta leche y cuánto calcio

En lugar de dividir simplemente a las participantes en quienes bebían leche y quienes no, el equipo estimó las variaciones de riesgo por incrementos de nutrientes y alimentos específicos.

  • Cada +20 g de alcohol al día (equivalente aproximado a medio litro de cerveza) se asoció a un +15% de riesgo de cáncer colorrectal.
  • Cada +30 g diarios de carne roja y carne procesada se relacionó con un +8% de riesgo.
  • Cada +300 mg de calcio al día (aproximadamente el calcio contenido en un vaso habitual de leche) se asoció a un −17% de riesgo.
  • Beber 200 g de leche al día (cerca de un vaso pequeño, unos 200 ml) se vinculó a un −14% de riesgo.

Un vaso corriente de leche, que aporta alrededor de 300 mg de calcio, se asoció a una reducción apreciable en la tasa de cáncer de intestino a lo largo del tiempo en este gran grupo de mujeres.

Los autores subrayan que estos resultados son asociaciones a nivel poblacional, no garantías individuales. Beber leche no convierte a nadie en "inmune" al cáncer. Aun así, incluso después de ajustar por otros factores de estilo de vida, la tendencia se mantuvo sólida en cientos de miles de personas.

Alcohol y carne roja o procesada: donde el riesgo aumenta

Los nuevos datos coinciden con conclusiones previas del Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer y de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer.

  • El alcohol está clasificado como carcinógeno. En el intestino, una parte se convierte en acetaldehído, un compuesto capaz de dañar el ADN e interferir con sus mecanismos de reparación.
  • El alcohol también promueve la formación de especies reactivas de oxígeno, que pueden lesionar las células que recubren el intestino.
  • La carne roja y la carne procesada se relacionan con el cáncer colorrectal por varias vías, entre ellas la acción del hierro hemo en la formación de compuestos potencialmente mutagénicos, y las sustancias generadas al cocinar a altas temperaturas, ahumar o curar con nitritos y nitratos.

En este análisis, solo dos factores alimentarios destacaron de manera consistente como impulsores del riesgo: el alcohol y la carne roja o procesada.

Lácteos, calcio y un posible efecto protector (leche y yogur en el punto de mira)

En el lado protector, el calcio emergió como el elemento central. Los alimentos ricos en calcio, especialmente la leche y el yogur, tendieron a acompañar un menor riesgo de cáncer colorrectal. La mayoría de los nutrientes asociados a los lácteos evaluados en el estudio también mostraron relaciones inversas con el riesgo, con dos excepciones: el queso y el helado, que no presentaron el mismo patrón.

Según los investigadores, la señal protectora observada para la leche y varios nutrientes vinculados a los lácteos parece explicarse en gran medida por su contenido en calcio.

¿Cómo podría beneficiar el calcio al intestino?

Se han propuesto varios mecanismos biológicos plausibles para explicar esta relación:

  • El calcio puede unirse a ácidos biliares y ácidos grasos libres en el colon, reduciendo sus efectos potencialmente carcinogénicos sobre el revestimiento intestinal.
  • Concentraciones más altas de calcio en el colon podrían reforzar la barrera de la pared intestinal, ayudando a protegerla frente a agresiones químicas.
  • Estudios experimentales sugieren que el calcio puede favorecer la maduración normal de las células epiteliales del intestino y reducir el daño oxidativo en el ADN.

Además del calcio, la leche contiene otros compuestos con potencial actividad anticancerígena, como ciertos ácidos grasos, entre ellos el ácido butírico y el ácido linoleico conjugado. La contribución exacta de estos componentes sigue estudiándose y es posible que actúen de forma sinérgica con el calcio.

Otros alimentos y nutrientes asociados a un menor riesgo

El patrón protector no se limitó al calcio y los lácteos. En términos generales, las mujeres que declararon un mayor consumo de los siguientes alimentos presentaron un riesgo más bajo de cáncer colorrectal:

  • Cereales integrales
  • Fruta
  • Fibra alimentaria (en conjunto)
  • Hidratos de carbono procedentes de fuentes vegetales no procesadas
  • Folato (vitamina B9)
  • Vitamina C
  • Magnesio, fósforo y potasio

Estos alimentos y nutrientes suelen aparecer juntos: quien consume más cereales integrales y fruta, por lo general, también ingiere más fibra, folato y vitamina C. Esa "agrupación" dificulta señalar a un único nutriente como el único responsable del efecto protector.

Patrones alimentarios en el estudio y su relación con el cáncer colorrectal

Tiende a aumentar el riesgo Tiende a reducir el riesgo
Alcohol (aprox. medio litro de cerveza al día o más) Leche y yogur
Carne roja Mayor ingesta de calcio
Carne procesada (salchichas, embutidos, carnes curadas, etc.) Cereales integrales, fruta y alimentos ricos en fibra

¿Significa esto que todo el mundo debería beber leche todos los días?

Los resultados no equivalen a una recomendación de consumir lácteos a cualquier precio. La tolerancia a la leche varía considerablemente: hay personas con intolerancia a la lactosa, quienes evitan los productos de origen animal y quienes necesitan limitar la grasa o la proteína por razones clínicas.

Para quienes ya consumen lácteos sin problemas, un vaso diario de leche o una porción de yogur encaja bien en un patrón asociado a menor riesgo de cáncer colorrectal, especialmente si se combina con más fibra y menos alcohol y carne procesada.

Para quienes no consumen lácteos, es posible obtener calcio a través de bebidas vegetales enriquecidas, tofu coagulado con calcio, ciertas verduras de hoja, frutos secos y semillas, y suplementos cuando estén clínicamente indicados. Una cuestión todavía abierta es determinar, en grandes poblaciones, si el calcio procedente de fuentes no lácteas ofrece una protección comparable, algo que futuras investigaciones deberán aclarar con mayor solidez.

Por otro lado, merece la pena considerar el "contexto" del vaso de leche: el efecto observado parece formar parte de un conjunto de hábitos. Es decir, más que un alimento aislado, lo que cuenta es la coherencia mantenida a lo largo de los años, y eso incluye el sueño, la actividad física y la adhesión a patrones como la alimentación de base mediterránea, frecuentemente recomendada en Europa.

Cómo encajan estos hallazgos en los consejos generales de prevención del cáncer

Las organizaciones de salud pública y las instituciones de apoyo al paciente oncológico suelen recomendar un conjunto de comportamientos que coincide en gran medida con el mensaje de este estudio:

  • Mantener el consumo de alcohol bajo o evitarlo directamente.
  • Reducir la carne roja y la carne procesada, optando con más frecuencia por pescado, legumbres (alubias, garbanzos, lentejas) y otras fuentes vegetales de proteína.
  • Construir las comidas en torno a verduras, fruta y cereales integrales.
  • Mantener un peso corporal saludable y permanecer físicamente activo.
  • No fumar.

La alimentación es solo una pieza del puzzle, pero los patrones de comer y beber repetidos a lo largo de muchos años pueden desplazar el riesgo de cáncer, poco a poco, hacia arriba o hacia abajo.

Términos clave para interpretar los resultados correctamente

"Cáncer colorrectal" engloba los tumores del colon y del recto. Se agrupan habitualmente porque comparten factores de riesgo y métodos de cribado, como los análisis de heces y las colonoscopias.

"Carne procesada" hace referencia a la carne conservada mediante ahumado, curado, salazón o adición de conservantes químicos. Incluye salchichas, bacon, jamón cocido, embutidos, carnes curadas y numerosos productos cárnicos envasados.

"Estudio prospectivo de cohorte" es el diseño utilizado en esta investigación: se sigue a un gran grupo a lo largo del tiempo, registrando su estilo de vida desde el principio. Este método reduce algunos tipos de sesgo, pero no demuestra causa y efecto con la misma contundencia que un ensayo aleatorizado.

Cómo trasladar todo esto a un día real de comidas

Pasar de los números a la práctica no requiere una dieta rígida. Un día "compatible" con el patrón asociado a menor riesgo podría verse así:

  • Desayuno: gachas de avena preparadas con leche semidesnatada o bebida de avena enriquecida, acompañadas de fruta.
  • Comida: bocadillo en pan integral o ensalada con alubias, lentejas o pescado, y un yogur.
  • Cena: plato mayoritariamente vegetal, con verduras y cereales integrales, y tan solo una pequeña porción de carne magra si se desea.
  • Bebidas: agua, té o café; el alcohol reservado para ocasiones especiales y en pequeñas cantidades, en lugar de convertirse en un hábito diario.

Ningún alimento de este conjunto actúa como un "escudo" por sí solo. El beneficio parece derivarse de la orientación global de la alimentación: más alimentos ricos en calcio y fibra, menos alcohol y menos carne procesada, repetido año tras año.

Para quienes se aproximan a la edad de cribado del cáncer de intestino, estos hallazgos ofrecen un motivo más para revisar el carro de la compra. Un vaso habitual de leche, o una fuente equivalente de calcio, puede no parecer revolucionario. Pero, a escala poblacional, podría contribuir a inclinar las probabilidades en una enfermedad frecuente y, en muchos casos, grave.

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