El regreso de Argentina al juego submarino
El gobierno de Javier Milei tiene un objetivo claro: adquirir tres submarinos Scorpene de nueva generación fabricados en Francia. Sin embargo, un complejo acuerdo de financiación sigue siendo el principal obstáculo entre Buenos Aires y la firma del contrato.
Argentina lleva sin una fuerza submarina plenamente operativa desde 2017, cuando el ARA San Juan desapareció con 44 tripulantes a bordo. Aquella tragedia sacudió la confianza pública y dejó a la Armada Argentina prácticamente ciega bajo las aguas del Atlántico Sur.
Hoy solo el envejecido ARA Salta permanece en servicio, fundamentalmente como plataforma de entrenamiento. Las tripulaciones han tenido que desplazarse hasta Perú para mantener competencias básicas de operación submarina, una solución costosa que refleja hasta qué punto se ha deteriorado esta capacidad estratégica.
Buenos Aires ve ahora los nuevos submarinos como una herramienta estratégica para proteger sus aguas, no como un proyecto de prestigio.
La administración Milei ha tomado una decisión política concreta: quiere tres submarinos franceses en la configuración Scorpene Evolved, derivada de la clase brasileña Riachuelo pero con tecnología actualizada. El propósito es restaurar una capacidad submarina creíble, con autonomía y potencia de fuego suficientes para patrullar vastas zonas del Atlántico Sur durante semanas.
Por qué el Scorpene importa tanto a Buenos Aires
La variante Scorpene Evolved representa un salto cualitativo respecto a las capacidades actuales de Argentina. Está diseñada para operaciones tanto costeras como en alta mar, con especial énfasis en la furtividad y las patrullas prolongadas.
- Baterías de iones de litio para mayor autonomía sumergida
- Capacidad de misión en el mar superior a 70 días
- Mayor automatización para reducir la carga de trabajo de la tripulación
- Sonar y sistemas de combate modernos para detectar y rastrear buques y submarinos
Para Argentina, estas características se traducen en misiones concretas, no en poder militar abstracto. La Armada busca específicamente:
- Hacer frente a la pesca ilegal a gran escala frente a sus costas, frecuentemente protagonizada por flotas industriales extranjeras
- Proteger su zona económica exclusiva (ZEE), rica en recursos pesqueros y con alto potencial energético
- Mantener una presencia militar discreta pero tangible cerca de las Islas Malvinas, donde las tensiones con el Reino Unido resurgen con regularidad
Los submarinos no son solo armas ofensivas; son señales políticas que recuerdan en silencio a vecinos y rivales que un país está vigilando.
Con una flota submarina moderna, Argentina recuperaría la capacidad de monitorizar rutas marítimas, recopilar inteligencia y complicar los cálculos de cualquier fuerza que opere en el Atlántico Sur.
El campo minado financiero: crédito a la exportación o nada
El obstáculo no es la voluntad política, sino el dinero. Argentina reservó aproximadamente 2.310 millones de dólares en su Presupuesto de 2025 para lo que denomina la "recuperación de la capacidad submarina". Aun así, el Estado no puede pagar los submarinos al contado.
En su lugar, Buenos Aires y París discuten un esquema de crédito a la exportación. Bajo este modelo, bancos franceses y posiblemente internacionales concederían préstamos a largo plazo garantizados por el Estado francés, y Argentina iría pagando a lo largo de varios años.
La garantía francesa es la pieza clave: sin ella, los tipos de interés y las primas de riesgo pueden hacer inviable el acuerdo para Buenos Aires.
La financiación a la exportación francesa suele venir acompañada de condiciones que pueden abarcar calendarios de reembolso, estabilidad macroeconómica y, en ocasiones, compensaciones industriales. En Argentina, donde el gasto público sigue siendo políticamente explosivo tras años de inflación y austeridad, cada peso invertido en defensa es sometido a un escrutinio minucioso.
| Elemento clave | Acuerdo Argentina–Francia (submarinos) |
|---|---|
| Número de submarinos | 3 Scorpene Evolved |
| Dotación presupuestaria estimada | 2.310 millones de dólares (para inicio en 2025) |
| Mecanismo de financiación | Crédito a la exportación con garantía del Estado francés |
| Proveedor principal | Naval Group (Francia) |
¿Construir en Francia o reconstruir los astilleros argentinos?
Más allá de la financiación, Argentina se enfrenta a una elección industrial estratégica. Puede optar por la vía más rápida y sencilla: construir los tres submarinos en Francia y concentrar después el esfuerzo local en mantenimiento, formación y grandes modernizaciones a mitad del ciclo de vida.
O puede intentar algo mucho más ambicioso: reactivar la construcción doméstica de submarinos en los astilleros Tandanor, en Buenos Aires, lo que exigiría nueva infraestructura, transferencia de tecnología y formación especializada.
La opción Tandanor: visión a largo plazo, coste a corto plazo
Brasil ofrece un ejemplo reciente y cercano. En Itaguaí, en los alrededores de Río de Janeiro, la industria brasileña se asoció con Naval Group para construir localmente submarinos de la clase Scorpene. El resultado es un ecosistema centrado en el diseño, el ensamblaje y el apoyo a lo largo del ciclo de vida, junto con un proyecto separado de submarino de propulsión nuclear.
Argentina podría intentar replicar parte de ese modelo, pero con costes iniciales elevados y una larga curva de aprendizaje. Reconstruir una base industrial submarina no es obra de tres años; de forma realista, se extiende durante una década o más.
Optar por la construcción local significa aceptar un mayor gasto a corto plazo a cambio de soberanía industrial a largo plazo.
La postura económica liberal de Milei complica este panorama. Su gobierno se ha comprometido a recortar el gasto público y reducir la intervención estatal, pero un programa submarino basado en Tandanor requeriría inversión sostenida, respaldo institucional y protección frente a los vaivenes políticos.
Los intereses globales de Naval Group en este negocio
Para Naval Group, Argentina representa algo más que un cliente adicional. La compañía ha encajado contratiempos en varios mercados clave de submarinos convencionales en los últimos tiempos.
En Polonia, Varsovia eligió el proyecto sueco A26 Blekinge en detrimento del Scorpene dentro del programa Orka, apostando por un "bloque báltico" con Estocolmo y dando prioridad a la participación de astilleros locales. En Canadá y Noruega, rivales alemanes, surcoreanos y británicos han tomado la delantera en grandes programas navales.
En el lado positivo, los Países Bajos seleccionaron a Naval Group en 2024 para sustituir sus submarinos de la clase Walrus por cuatro nuevos "E-Barracuda". Ese contrato, confirmado más adelante ese mismo año, incluye una cooperación amplia con empresas neerlandesas como Nevesbu y RH Marine en subsistemas complejos y automatización.
Si Argentina firma, Naval Group demostrará que puede ganar contratos fuera de Europa y mantenerse como un peso pesado en la geopolítica de los submarinos convencionales.
París también tiene algo que demostrar. Convertir el alineamiento político con Buenos Aires en un programa financiado y ejecutable evidenciaría que Francia aún sabe utilizar con eficacia sus instrumentos de crédito a la exportación en un momento en que la competencia global en ventas de defensa es especialmente intensa.
Cómo funcionan en la práctica los acuerdos de defensa con crédito a la exportación
El crédito a la exportación en defensa es frecuentemente opaco, pero determina quién puede comprar equipamiento avanzado. En términos simples, los bancos prestan dinero al país comprador, no al constructor naval. El Estado exportador garantiza entonces parte de ese préstamo, asegurando a los acreedores que serán reembolsados incluso si el comprador atraviesa turbulencias financieras.
Para Argentina, esto podría significar:
- Plazos de pago largos, distribuyendo los costes a lo largo de 10 o 20 años
- Tipos de interés más bajos que los que podría obtener por sí sola en los mercados financieros
- Un seguimiento estrecho de la política presupuestaria como parte de las condiciones de la garantía
Estos acuerdos pueden sobrevivir a cambios de gobierno, lo que ofrece a la Armada mayor certeza de que los submarinos serán efectivamente entregados. Al mismo tiempo, comprometen presupuestos futuros con obligaciones de reembolso, algo que los opositores al acuerdo no dudarán en criticar.
Qué cambiaría en el Atlántico Sur con los nuevos submarinos
Si el acuerdo prospera, Argentina podría comenzar a transformar su postura de seguridad marítima a lo largo de una década. Los nuevos submarinos le permitirían rastrear flotas pesqueras extranjeras sin ser detectada, seguir buques de superficie cerca de zonas sensibles y cartografiar discretamente rutas submarinas o infraestructuras energéticas.
Para los vecinos regionales como Brasil, Chile y Uruguay, el regreso argentino a las profundidades no sería necesariamente desestabilizador. Todos cuentan con sus propias capacidades submarinas o de patrulla. El impacto principal se haría sentir sobre actores extrarregionales que operan lejos de sus bases, incluida la flota china de pesca de altura y cualquier armada que vigile el Atlántico Sur desde la distancia.
Para el Reino Unido, que mantiene guarnición y presencia naval en torno a las Malvinas, el resurgimiento submarino argentino sería un factor a seguir de cerca. Exigiría más patrullas antisubmarinas y una planificación de contingencia actualizada, aunque dentro de un marco ya moldeado por los estándares de la OTAN y los ejercicios regulares.
Conceptos clave: baterías de litio y submarinos "convencionales"
Dos aspectos técnicos generan habitualmente confusión y merecen una aclaración. El primero son las baterías de iones de litio. Comparadas con las clásicas baterías de plomo-ácido, los sistemas de litio almacenan más energía, se recargan más rápido y pesan menos. Para un submarino, esto se traduce en más tiempo de navegación silenciosa sumergida sin necesidad de usar el esnórquel o los motores diésel, que son ruidosos y fáciles de detectar.
El segundo concepto es el de submarinos "convencionales". El término simplemente designa a aquellos buques sin propulsión nuclear. Funcionan con motores diésel y baterías, o con sistemas híbridos como la propulsión independiente del aire (AIP). Los submarinos nucleares pueden permanecer sumergidos durante meses, pero son enormemente más caros y políticamente sensibles. Para un país como Argentina, incluso un submarino convencional de primer nivel puede cubrir sus necesidades nacionales a una fracción del coste de una flota nuclear.
Tanto si Argentina logra asegurar la financiación como si no, las negociaciones actuales ofrecen una ventana poco habitual para entender cómo las potencias medias piensan simultáneamente sobre el mar, la tecnología y la deuda. El desenlace no solo moldeará astilleros y presupuestos, sino también la forma en que el Atlántico Sur será patrullado —en silencio o con estruendo— durante las próximas décadas.













