La policía usa gas pimienta contra manifestantes durante la visita del presidente israelí a Sídney.

Una multitud, seguridad reforzada y un invitado polémico en el corazón de Sídney

La multitud entonaba consignas, el dispositivo de seguridad se cerraba y la presencia de un controvertido visitante extranjero confluía en el centro de Sídney, con el spray de pimienta flotando en el aire al caer la noche.

Miles de personas se concentraron junto al distrito financiero de Sídney en el momento en que el presidente de Israel, Isaac Herzog, comenzaba una visita de alto perfil a Australia. El choque entre manifestantes, policía antidisturbios, nuevos poderes de emergencia y el uso de spray de pimienta reabrió un debate ya encendido en el país sobre Gaza, el antisemitismo y los límites del derecho a la protesta.

La visita de Isaac Herzog a Australia: respaldo oficial y contestación en las calles

Isaac Herzog se encuentra en Australia durante cuatro días, invitado por el primer ministro Anthony Albanese. El Gobierno enmarcó el viaje como un gesto de solidaridad con la comunidad judía australiana, especialmente porque coincide con ceremonias de homenaje a las víctimas del ataque en Bondi Beach ocurrido en diciembre.

El lunes por la mañana, Herzog se trasladó al lugar del tiroteo, donde depositó una corona de flores y colocó dos piedras traídas desde Jerusalén en el memorial. Ante familiares y personas en duelo, afirmó que "cuando un judío sufre, todos los judíos sienten su dolor" y declaró haber venido a "abrazar y consolar a las familias afligidas". Para sus seguidores, fue una señal inequívoca de apoyo a una comunidad que sigue traumatizada.

Tras Bondi, el programa continúa en Canberra y Melbourne, con encuentros previstos con Albanese y otras figuras destacadas. El primer ministro presentó la invitación como parte de un esfuerzo por fomentar la "cohesión social" y "un mayor sentido de unidad" tras el ataque.

Protesta en el centro de Sídney: la tensión estalla cuando la policía bloquea la marcha

La principal concentración del lunes fue convocada por el Palestine Action Group, que movilizó a sus simpatizantes al centro de la ciudad a pesar de las nuevas restricciones a las reuniones públicas introducidas tras el ataque de Bondi Beach.

Acudieron varios miles de personas, muchas portando keffiyehs palestinas y pancartas contra la ofensiva militar de Israel en Gaza y contra la recepción oficial que Australia dispensó a Herzog.

"No soy antisemita, soy antigenocidio" y "Arrested Herzog" fueron algunas de las consignas que se elevaron por encima de la compacta multitud.

En un primer momento, los discursos y los cánticos transcurrieron sin incidentes. El ambiente cambió cuando los organizadores intentaron iniciar una marcha por las calles adyacentes. La policía formó líneas cerradas e impidió el avance del grupo.

Se oía "Dejadnos marchar" mientras los manifestantes se acercaban al cordón policial. A continuación se produjeron empujones y forcejeos, y varios agentes utilizaron spray de pimienta a corta distancia contra numerosos participantes. Testigos describieron a personas tosiendo, tambaleándose y lavándose el rostro con agua embotellada mientras intentaban alejarse del lugar.

La policía confirmó que se realizaron detenciones, aunque no facilitó cifras de inmediato. A medida que aumentaba la tensión, se desplegaron más efectivos hasta que la multitud restante fue dispersándose de forma gradual.

Nuevos poderes para "grandes eventos" bajo escrutinio en Nueva Gales del Sur

La respuesta policial se produjo al amparo de poderes ampliados aprobados con urgencia por el Gobierno de Nueva Gales del Sur apenas unos días antes. Las medidas para "grandes eventos" facultan a las autoridades para acordonar zonas de la ciudad, registrar a personas sin orden judicial e imponer multas de hasta 5.500 dólares australianos (aproximadamente 2.800 libras esterlinas o 3.860 dólares estadounidenses) a quienes incumplan las órdenes policiales.

El ejecutivo estatal justificó la legislación aludiendo a la necesidad de evitar que se repitiera el ataque de diciembre en Bondi, cuando un tirador abrió fuego en un festival judío y mató a 15 personas, entre ellas una niña de 10 años.

Para los críticos, estos nuevos poderes corren el riesgo de convertir la protesta política en una "concesión" sometida a un control policial férreo, en lugar de preservarla como un derecho democrático fundamental.

Los defensores de las libertades civiles cuestionan si la aplicación de estas normas es proporcional y advierten de un "efecto disuasorio": la amenaza de multas elevadas y una postura policial agresiva pueden reducir la participación en manifestaciones pacíficas.

Un aspecto que ha ganado peso en el debate público es la fiscalización política de estas medidas. Cuando se aprueban poderes excepcionales con celeridad, aumenta la presión para que existan mecanismos claros de revisión, criterios transparentes para delimitar las zonas restringidas y garantías de que la excepción no se convierta en norma.

Divisiones en las comunidades judía y musulmana de Australia

La visita de Herzog no recibió una acogida uniforme dentro de la propia comunidad judía. Organizaciones como el Executive Council of Australian Jewry consideraron la presencia del presidente israelí profundamente significativa para los supervivientes y las familias en duelo. Sin embargo, otras entidades rechazaron esa lectura.

El Jewish Council of Australia (JCA), creado este año para combatir el antisemitismo y, al mismo tiempo, defender los derechos palestinos, criticó al Gobierno de Albanese por presentar a Herzog como símbolo representativo de los judíos australianos.

Una carta firmada por 600 judíos australianos y publicada en periódicos de gran tirada afirmó que Herzog "no habla en nuestro nombre y no es bienvenido aquí".

La directora ejecutiva del JCA, Sarah Schwartz, advirtió de que vincular el apoyo al liderazgo israelí con la identidad judía puede alimentar narrativas antisemitas que presentan a todos los judíos como responsables de las acciones del Estado de Israel.

Por parte de la comunidad musulmana y propalestina, el Australian National Imams Council y la Australia Palestine Advocacy Network (APAN) también condenaron la visita. El presidente de la APAN, Nasser Mashni, la describió como "una píldora muy amarga de tragar" y "un día negro" para los australianos que siguen de cerca lo que ocurre en Gaza.

Paralelamente, han surgido más iniciativas comunitarias —desde vigilias interreligiosas hasta encuentros moderados por líderes locales— que buscan reducir la tensión. Aun así, estos esfuerzos compiten con la velocidad de las redes sociales y con el impacto emocional de las imágenes de guerra, que con frecuencia endurecen posiciones y dificultan cualquier punto de encuentro.

Las acusaciones de genocidio acompañan a Herzog hasta Sídney

La polémica no se limita al simbolismo de la visita. En 2023, una comisión de investigación de la ONU concluyó que Herzog se encontraba entre varios dirigentes israelíes que presuntamente "incitaron a la comisión de genocidio" contra los palestinos en Gaza, basándose en declaraciones públicas realizadas tras los ataques de Hamás el 7 de octubre.

Entre los episodios citados figuran unas declaraciones de Herzog en las que afirmó que "toda una nación" tenía responsabilidad en el ataque, además de una fotografía en la que aparece firmando un proyectil de artillería destinado a Gaza. Estos elementos formaron parte de la base del caso presentado por Sudáfrica ante el Tribunal Internacional de Justicia, que acusa a Israel de genocidio.

Israel rechaza la acusación de genocidio, y Herzog sostiene que sus palabras fueron sacadas de contexto y no reflejan intención alguna de destruir a un pueblo.

La comisión de la ONU señaló que una aclaración posterior de Herzog —en la que reconocía que existen "muchos, muchos palestinos inocentes que no están de acuerdo" con Hamás— pareció orientada más a atenuar el impacto de sus declaraciones iniciales que a retractarse de ellas de forma plena.

El abogado australiano de derechos humanos Chris Sidoti, miembro de ese panel de la ONU, defendió que Herzog debería ser detenido durante la visita, argumentando que la tradicional inmunidad de jefe de Estado no debería aplicarse a lo que describe como "crímenes atroces", como el genocidio.

Aunque políticamente es improbable que tal detención prospere, el llamamiento pone de manifiesto una brecha creciente entre los organismos internacionales de derechos humanos y los gobiernos que reciben a responsables israelíes.

Las líneas de fractura en torno a la visita

  • Los partidarios subrayan la solidaridad con la comunidad judía australiana y los vínculos históricos entre ambos países.
  • Los detractores destacan las muertes de civiles en Gaza y acusan a Herzog de legitimar o incitar crímenes de guerra.
  • Los grupos de libertades civiles temen que los nuevos poderes policiales normalicen respuestas contundentes ante cualquier protesta.
  • Organizaciones judías y musulmanas evidencian divisiones internas que reflejan fracturas más amplias en torno al conflicto Israel-Palestina.

Derechos, seguridad y la política de la protesta

Anthony Albanese ha reiterado que los australianos conservan el derecho a manifestarse, pero ha optado por enmarcar la visita de Herzog principalmente en relación con el ataque de Bondi y no con la guerra en Gaza. Para muchos activistas, esa separación resulta artificial: consideran que cualquier recepción oficial a líderes israelíes es inseparable del conflicto.

El debate australiano sigue de cerca tensiones similares en el Reino Unido, Estados Unidos y varios países europeos, donde los gobiernos prometen mano dura contra el antisemitismo y el extremismo mientras se enfrentan a movilizaciones masivas en las calles contra la actuación de Israel en Gaza.

Escenas con spray de pimienta, policía montada y amplios perímetros de seguridad se han vuelto recurrentes en estas protestas en todo el mundo, generando dudas sobre si las preocupaciones de seguridad están prevaleciendo sobre la libertad de expresión.

Los enfrentamientos en Sídney sirven como prueba del límite hasta el que las autoridades australianas están dispuestas a llegar cuando la contestación choca con unas leyes de seguridad reforzadas.

Lo que el gas pimienta y los nuevos poderes significan sobre el terreno

Para quienes se manifiestan, el uso de spray de pimienta no es simplemente una técnica policial: altera la decisión de participar o no. Los productos a base de capsaicina pueden provocar un ardor intenso en los ojos, la garganta y la piel, además de desorientación y pánico.

Con los nuevos poderes en Nueva Gales del Sur, el riesgo ya no es solo físico. Quien sea considerado en incumplimiento de las órdenes policiales puede enfrentarse a multas elevadas, lo que tiende a disuadir a familias, personas mayores y a quienes no cuentan con respaldo jurídico. Los juristas advierten además que, una vez normalizadas en un tipo de manifestación, estas herramientas pueden extenderse a otras, desde protestas climáticas hasta acciones laborales. Los defensores de las leyes, por su parte, insisten en que se trata de una respuesta proporcionada ante el agravamiento de las amenazas a la seguridad.

Contexto: acusaciones de genocidio e inmunidad de jefe de Estado

El término "genocidio" tiene un significado jurídico preciso en el derecho internacional y no es simplemente una expresión emocional. Se refiere a actos cometidos con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, y demostrar esa intención es notoriamente difícil.

En el contexto del conflicto Israel-Gaza, el Tribunal Internacional de Justicia no ha determinado que se esté produciendo un genocidio. Lo que sí concluyó es que el caso presentado por Sudáfrica es suficientemente plausible como para imponer a Israel la obligación de adoptar medidas destinadas a prevenir actos genocidas.

En general, los jefes de Estado como Herzog gozan de inmunidad frente a procesos judiciales en tribunales extranjeros, en virtud del principio de que los gobiernos deben poder funcionar sin que sus líderes sean detenidos en el exterior. Algunos especialistas sostienen que esta protección no debería aplicarse al genocidio ni a los crímenes contra la humanidad, pero los Estados se han mostrado reacios a poner a prueba ese planteamiento en la práctica.

Es probable que las futuras visitas de líderes controvertidos sigan acompañadas de estos dilemas: más impugnaciones judiciales, más campañas que exijan detenciones y mayor presión sobre los gobiernos anfitriones para que expliquen a quién invitan y en qué condiciones.

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