Los carritos de supermercado están a punto de desaparecer: esto es lo que los reemplazará

Los carritos conectados llegan pronto a los supermercados

Durante décadas, el carrito de la compra ha sido casi invisible: está ahí, cumple su función y poco más. Lo curioso es que, mientras el carrito parece no haber cambiado, la forma en que compramos está evolucionando a gran velocidad. Entre las cajas de self-checkout, los pedidos online, la recogida en drive y las entregas a domicilio, la innovación se concentra cada vez más en la experiencia dentro del propio establecimiento.

Es precisamente ahí donde entran en juego las pruebas de una nueva generación de carritos, diseñados para hacer la compra más ágil y sin fricciones de principio a fin. Eso no significa, sin embargo, que los carritos tradicionales vayan a desaparecer de un día para otro: el cambio será, con toda probabilidad, progresivo y gradual.

En 2025, la empresa Shopic es señalada con frecuencia como una de las compañías que está liderando este tipo de soluciones. En Francia, un Intermarché de Provins (Seine-et-Marne) ya está probando el concepto, lo que da pistas sobre cómo podría llegar, con el tiempo, a otros mercados europeos.

Cómo son los carritos conectados y qué cambian durante la compra

A simple vista parecen carritos normales, pero incorporan tecnología capaz de identificar productos y orientar toda la experiencia de compra. En general, incluyen los siguientes elementos:

  • Pantalla táctil
  • Lector tipo scannette
  • Dos cámaras con visión computacional

En la práctica, el carrito intenta reconocer los artículos en el momento en que los colocas dentro, a través del envase y, en algunos casos, con ayuda de pesaje o validación adicional. Esto puede reducir el proceso de coger cada producto, apuntar el lector y confirmar uno por uno.

La pantalla te ayuda a mantenerlo todo bajo control: total en tiempo real, promociones aplicadas y alertas útiles, como cuando una oferta requiere una cantidad mínima de artículos. Para quienes gestionan el presupuesto al céntimo, esta visibilidad se traduce en menos sorpresas al llegar a caja. Además, el sistema puede sugerir alternativas más económicas, indicar dónde está un producto en la tienda o recordarte artículos que compras habitualmente, aunque todo esto depende en gran medida de lo bien sincronizados que estén los datos y el stock del supermercado.

Hay un punto que se menciona menos: no todo funciona de forma completamente automática. Los productos sin envase, como fruta o verdura a granel, los artículos muy similares entre marcas o los productos colocados fuera del campo de visión de las cámaras suelen requerir confirmación en pantalla o un pase por el lector manual.

Menos colas y pago más sencillo con los carritos conectados

El objetivo principal es acortar la parte más lenta de la compra: la salida. En lugar de descargar todo en la cinta para volver a pasar cada producto, el carrito ya lleva la lista y el total, y el cliente termina la compra en un terminal dedicado o, en algunas versiones, directamente desde el móvil.

En la práctica, esto funciona mejor cuando el supermercado también adapta sus propios procesos, incluyendo:

  • Validaciones aleatorias para reducir errores y fraude sin entorpecer a todos los clientes
  • Confirmación de artículos con restricción de edad, como el alcohol
  • Buena cobertura de red en la tienda y zonas de carga para los carritos, porque sin batería ni conexión la experiencia se deteriora rápidamente

Adaptación, logística e impacto en el empleo

Existe una curva de aprendizaje, especialmente para quienes prefieren un proceso de compra más tradicional. Para que la transición funcione bien, los supermercados suelen ofrecer apoyo al inicio: personal en la entrada y salida, señalización clara y la opción de un modo guiado en la pantalla del carrito.

Desde el punto de vista operativo, la complejidad aumenta considerablemente. Los carritos con electrónica necesitan carga periódica, mantenimiento, limpieza cuidadosa de pantallas y asas, gestión de averías e integración precisa con precios y promociones. Si el total que muestra el carrito no coincide con el real, el cliente pierde la confianza desde el primer momento. Hay que tener en cuenta también el coste: estos carritos son notablemente más caros que los convencionales, por lo que su adopción tiende a ser gradual y limitada a determinadas tiendas o zonas del establecimiento.

En cuanto al empleo, es probable que ciertas tareas se transformen más de lo que desaparezcan: menos tiempo escaneando productos en caja y más tiempo dedicado a atención al cliente, resolución de incidencias, prevención de pérdidas y mantenimiento del equipamiento tecnológico.

Privacidad, accesibilidad y confianza: aspectos clave para su adopción

Cuando hay cámaras e identificación automática de por medio, la transparencia deja de ser opcional. En la Unión Europea, el marco del RGPD exige explicar qué datos se recogen, con qué finalidad, durante cuánto tiempo se almacenan y quién puede acceder a ellos. Para generar confianza real, ayuda que el supermercado ofrezca opciones como compras sin creación de perfil, recogida mínima de datos y explicaciones claras en el punto de venta, en lugar de dejarlas enterradas en la letra pequeña.

La accesibilidad es igualmente importante: pantallas con letras grandes y buen contraste, interfaz sencilla, posibilidad de elegir idioma y alternativas para quienes no quieran o no puedan usar la tecnología. El objetivo debe ser ampliar las opciones disponibles, no crear una fila paralela que excluya a quienes prefieren el método tradicional.

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