Más potente que Starlink: la internet estratosférica podría conectar al mundo entero

Casi una cuarta parte de la humanidad sigue sin conexión

Mientras las megaconstelaciones de satélites acaparan titulares, los ingenieros están apostando por una capa del cielo diferente —la estratosfera— para conectar a los miles de millones de personas que todavía están desconectadas. Y lo harían de forma más barata y fiable que los sistemas basados exclusivamente en el espacio.

En 2026, el planeta estará repleto de naves espaciales. Starlink tendrá alrededor de 10.000 satélites en órbita. OneWeb planea unos 650. Los responsables de marketing del sector hablan con total confianza de "cobertura global".

La realidad sobre el terreno es bien distinta.

Según el informe "Facts and Figures 2025" de la UIT (Unión Internacional de Telecomunicaciones), aproximadamente 2.200 millones de personas —muchas en zonas rurales o aisladas— siguen sin acceso a una conexión a internet funcional. Eso equivale a casi una de cada cuatro personas completamente desconectada, o forzada a depender de conexiones dolorosamente lentas y poco fiables.

Aunque haya miles de satélites sobrevolando el planeta, las brechas de conectividad persisten con obstinación, especialmente en regiones remotas y de bajos ingresos.

Las redes de satélites se enfrentan a tres limitaciones fundamentales:

  • Límites de capacidad: desde cientos de kilómetros de altitud, cada satélite debe dar servicio a áreas enormes. Cuando demasiados usuarios se conectan a la vez, las velocidades caen en picado.
  • Coste y complejidad: construir y mantener una constelación densa en órbita baja (LEO) con cobertura global es técnicamente exigente y extraordinariamente caro.
  • Precio para el usuario: los costes de equipamiento y suscripción siguen estando muy por encima de lo que muchas familias en países en desarrollo pueden permitirse.

Los actores del sector de las telecomunicaciones están girando su atención hacia una capa del cielo más cercana y económica para cerrar esas brechas.

Internet estratosférica: la capa entre la Tierra y el espacio

La alternativa emergente se conoce como internet estratosférica, basada en HAPS (High Altitude Platform Stations, o Estaciones de Plataforma de Gran Altitud). Se trata de aeronaves de gran autonomía, globos o dirigibles que operan a unos 18-25 km sobre el nivel del mar, muy por encima de los aviones comerciales pero muy por debajo de los satélites en órbita, que suelen estar a ~500 km o más.

Los HAPS pueden adoptar diversas formas:

  • Dirigibles de helio
  • Globos de sobrepresión
  • Drones o planeadores de energía solar
  • Aeronaves de ala fija no tripuladas diseñadas para una autonomía ultra prolongada

La mayoría están recubiertos de paneles solares y respaldados por baterías de alta densidad energética. A esas altitudes, pueden captar luz solar durante muchas horas, mantenerse en el aire durante semanas o incluso meses, y operar con una necesidad mínima de combustible o mantenimiento.

Al reducir la distancia entre el emisor y el usuario de cientos de kilómetros a apenas unas pocas decenas, las plataformas estratosféricas pueden ofrecer conexiones rápidas y de baja latencia a un coste muy inferior.

Cada plataforma puede cubrir una región de decenas o incluso cientos de miles de kilómetros cuadrados. Esto las convierte en una opción ideal para zonas escasamente pobladas donde el tendido de fibra óptica y las densas redes celulares resultan demasiado costosos: desiertos, cordilleras, islas remotas o amplias regiones rurales.

Por qué los satélites solos no pueden completar el trabajo

Desde el espacio, un satélite "ve" un área inmensa. Parece práctico, pero genera un dilema difícil: o se atiende a mucha gente con poco ancho de banda por usuario, o se restringe el servicio para mantener velocidades aceptables. Los satélites también deben lidiar con efectos atmosféricos, clima espacial más agresivo y enrutamientos más complejos.

Los sistemas en órbita baja como Starlink mejoran la latencia al estar más cerca de la Tierra que los viejos satélites geoestacionarios. Aun así, siguen muy por encima de cualquier aeronave y tienen que desplazarse continuamente respecto al suelo, transfiriendo conexiones de un satélite a otro.

Las plataformas estratosféricas, en cambio, operan en una delgada franja de aire relativamente estable. Pueden quedarse suspendidas —o al menos circular en un patrón cerrado— sobre una región concreta, usando propulsión a bordo y algoritmos de vuelo para mantener la posición frente a los vientos estratosféricos.

Una segunda vida para una idea antigua

El concepto no es nuevo. Los investigadores de telecomunicaciones comenzaron a trabajar en plataformas de gran altitud en los años noventa. En la década de 2000, los vuelos de prueba demostraron su potencial técnico, pero con costes elevados. El ejemplo más conocido fue el Project Loon de Alphabet, lanzado en 2011, que usaba una flota de globos para transmitir internet a regiones mal conectadas.

Loon logró algunas demostraciones mediáticas, incluida la cobertura de emergencia tras desastres naturales. Sin embargo, el proyecto cerró en 2021. Mantener cada globo donde se necesitaba, gestionar los vientos fuertes, recuperar el equipamiento y realizar lanzamientos continuos dispararon los costes hasta niveles insostenibles, especialmente frente a la rápida industrialización de las constelaciones de satélites.

Desde entonces, tres cosas han cambiado: la tecnología solar ha mejorado notablemente, las baterías son más ligeras y potentes, y el hardware de telecomunicaciones ha reducido su tamaño de forma drástica. Este cambio está devolviendo la vida a la idea.

La nueva ola de empresas de internet estratosférica

Varias compañías afirman ahora ser capaces de lograr lo que Loon no consiguió: mantener la posición en la estratosfera durante semanas, con costes comercialmente viables.

Empresa Tipo de plataforma Rango de altitud Capacidad destacada
Sceye (EE. UU.) Dirigible solar de helio ~20 km Gran autonomía, mantenimiento preciso de posición
Aalto HAPS (Airbus, UE) Dron solar (Zephyr) Estratosfera Récord de 67 días de vuelo continuo
World Mobile (Reino Unido) Dron a hidrógeno Gran altitud Ancho de banda de hasta 200 Mbps

Sceye: un gigantesco dirigible solar sobre el desierto

La startup estadounidense Sceye ha construido un dirigible de helio de 65 metros de longitud, recubierto de paneles solares. Diseñado para operar en la estratosfera inferior, transporta cargas útiles de telecomunicaciones y usa propulsión a bordo para mantenerse casi inmóvil sobre una zona objetivo.

La compañía tiene previsto demostrar un servicio operativo de internet desde la estratosfera, comenzando con pruebas en regiones remotas donde la infraestructura terrestre es escasa o está dañada.

El Zephyr de Aalto: planeando bajo el sol

La empresa Aalto HAPS, filial de Airbus, ha desarrollado el Zephyr, un esbelto dron solar con una envergadura de unos 25 metros. Construido con materiales ultraligeros, vuela por encima de los sistemas meteorológicos, donde la turbulencia es menor y la luz solar más predecible.

El Zephyr ya ha permanecido en el aire durante 67 días consecutivos, un récord para una aeronave no tripulada. Durante estas misiones puede circular lentamente sobre una región, funcionando como una torre móvil "flotante" en el cielo.

World Mobile: un desafío de precios a Starlink

La empresa británica World Mobile está desarrollando drones de gran altitud propulsados por hidrógeno con un objetivo muy concreto: reducir los costes al máximo para que la conectividad sea accesible incluso para comunidades de bajos ingresos.

Cada plataforma está diseñada para ofrecer un ancho de banda de aproximadamente 200 megabits por segundo. La empresa recurre a una comparación directa para ilustrar el potencial: estima que nueve plataformas podrían cubrir toda Escocia —alrededor de 5,5 millones de personas— a un coste de aproximadamente 0,80 libras por persona al mes.

Según las estimaciones de World Mobile, las plataformas de gran altitud podrían dar servicio a un país entero por menos de una libra por usuario al mes, reduciendo drásticamente el coste frente a las suscripciones por satélite.

Como referencia, una suscripción típica de Starlink en el Reino Unido ronda las 75 libras al mes, sin contar el coste del equipamiento. El rendimiento no será idéntico, pero la diferencia evidencia cómo la economía puede transformarse cuando la infraestructura está a 20 km de los usuarios en lugar de en el espacio.

Trabajando junto a satélites y redes terrestres

La internet estratosférica no está concebida para reemplazar a los satélites ni a las redes móviles terrestres. Su función es cubrir las brechas que existen entre ambos.

  • En ciudades densas, la fibra óptica y el 5G seguirán siendo, en general, la opción más rápida y estable.
  • En zonas de densidad intermedia, las torres convencionales y el backhaul por microondas pueden hacer la mayor parte del trabajo, con los HAPS cubriendo las áreas más irregulares.
  • En regiones remotas, un pequeño número de plataformas de gran altitud puede ser la única forma realista de ofrecer banda ancha sin inversiones masivas en infraestructura.

El mayor desafío ahora está fuera de la ingeniería pura. Los reguladores de todo el mundo deben definir cómo los HAPS comparten el espectro radioeléctrico con los servicios existentes, cómo se coordinan con los satélites y qué normas de espacio aéreo y seguridad les son aplicables. Sin reglas armonizadas, los operadores podrían enfrentarse a retrasos o mercados fragmentados.

Latencia, ancho de banda y otros términos, explicados de forma sencilla

Tres términos técnicos son clave en el debate sobre la conectividad estratosférica:

  • Latencia: el tiempo que tardan los datos en viajar desde tu dispositivo hasta un servidor y regresar. Una latencia menor significa una navegación más "ágil", videollamadas más fluidas y videojuegos online más responsivos. Como los HAPS están más cerca de la Tierra que los satélites, pueden mantener una latencia más próxima a la de las redes 4G o 5G.
  • Ancho de banda: la cantidad máxima de datos que puede enviarse por segundo en una conexión. Piensa en él como el número de carriles de una autopista: más carriles, más coches. Una sola plataforma de gran altitud puede poner a disposición cientos de megabits por segundo para compartir entre los usuarios en tierra.
  • Rendimiento efectivo (throughput): la velocidad real que perciben los usuarios. Depende del ancho de banda disponible, de cuántas personas lo comparten y de la eficiencia con la que el sistema gestiona el tráfico.

Como los HAPS sirven zonas geográficas delimitadas, los operadores pueden ajustar la capacidad con mayor precisión que con satélites lejanos. Ese control fino puede resultar crucial en regiones donde la demanda varía según las temporadas agrícolas, el turismo o los movimientos migratorios.

Riesgos, beneficios y posibles escenarios futuros

La ascensión de la internet estratosférica no está exenta de riesgos. Las aeronaves y los dirigibles persistentes plantean cuestiones de gestión del espacio aéreo. Los fallos a gran altitud podrían generar riesgos de seguridad si los vehículos descendieran sobre zonas pobladas. La ciberseguridad también es un factor importante: una sola plataforma comprometida podría interrumpir el servicio en una amplia región.

El "clima" a 20 km de altitud es más tranquilo que a la altura de los aviones comerciales, pero no es perfectamente estable. Las plataformas deben soportar vientos fuertes, temperaturas muy bajas y una intensa radiación ultravioleta durante períodos prolongados. Cualquier operación de mantenimiento implica complejas maniobras de recuperación y relanzamiento.

Aun así, los beneficios atraen tanto a gobiernos como a inversores privados:

  • Despliegues de emergencia más rápidos tras terremotos, inundaciones o conflictos
  • Conectividad asequible para escuelas y centros de salud en comunidades aisladas
  • Conexiones de respaldo cuando la infraestructura terrestre falla
  • Apoyo al seguimiento medioambiental y la vigilancia de fronteras

Un escenario realista contempla que los países combinen diferentes infraestructuras: fibra en las ciudades, 5G en los suburbios y plataformas estratosféricas para llegar a pueblos y explotaciones agrícolas que quedan fuera del alcance económico de torres y cables. Otro escenario plantea el uso de HAPS como cobertura temporal de emergencia durante grandes eventos o en regiones afectadas por daños prolongados en la infraestructura.

Por ahora, las constelaciones del tipo Starlink siguen dominando la conversación sobre cobertura global. Pero a medida que las plataformas de gran altitud maduran y los marcos regulatorios se consolidan, la idea de que la internet más eficaz podría no venir del espacio empieza a parecerse menos a ciencia ficción y más a un plan de negocio.

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