Hidrógeno natural en el Grand Est: la carrera científica para confirmar una reserva gigante junto a la frontera alemana

De la búsqueda de metano en antiguas minas de carbón a un hallazgo inesperado en la Mosela

En la región francesa del Grand Est, muy cerca de la frontera con Alemania, equipos científicos e industriales están acelerando sus trabajos para confirmar una hipótesis ambiciosa: Francia podría asentarse sobre una reserva colosal de hidrógeno natural. Si los primeros indicios se confirman, este recurso podría dar un impulso decisivo a la sustitución de los combustibles fósiles, ofreciendo hidrógeno con baja huella de carbono sin depender, en principio, de procesos industriales de producción.

El origen de esta investigación fue discreto y, en cierta medida, accidental. En 2018, investigadores franceses pusieron en marcha una campaña en la antigua cuenca minera de Lorena para buscar metano atrapado en viejas capas de carbón, dentro del programa REGALOR, sin que el hidrógeno natural figurara entre sus prioridades.

Por aquel entonces, el objetivo era validar una estimación publicada en 2012 por el IFP Énergies nouvelles, que apuntaba a un potencial de 370.000 millones de metros cúbicos de metano en la zona, equivalente a unos ocho años de consumo de gas en Francia. La herencia industrial de la región, históricamente vinculada al carbón, parecía lista para abrir una nueva etapa en torno al gas.

Durante la recogida de muestras de fluidos y gases del subsuelo, apareció lo inesperado: rastros de hidrógeno generado de forma natural en profundidad. Lo que comenzó como una curiosidad geológica se convirtió rápidamente en el elemento central de la investigación.

La cuenca de Lorena podría contener decenas de millones de toneladas de hidrógeno formado de manera natural, atrapado en aguas subterráneas profundas.

Las primeras mediciones revelaban un patrón inequívoco: cuanto mayor era la profundidad, mayor resultaba la concentración de hidrógeno. Esa señal fue suficiente para justificar una nueva fase, más exigente y focalizada: REGALOR II.

REGALOR II y el hidrógeno natural en la Mosela: un programa para cuantificar el recurso

Iniciado en 2025 y con una duración prevista hasta 2028, el REGALOR II deja el metano fuera de la agenda. La misión es ahora única: comprender, caracterizar y cuantificar el hidrógeno natural, frecuentemente denominado hidrógeno blanco, en el Grand Est, con especial atención al departamento de la Mosela.

El eje operativo del proyecto es una intervención clave: un sondeo exploratorio de 4.000 metros en Pontpierre, perforado a principios de 2026. Este sondeo atraviesa varias unidades rocosas y acuíferos profundos, donde el hidrógeno no aparece como una "bolsa" de gas clásica, sino disuelto en agua caliente y bajo presión.

Esta particularidad transforma radicalmente la lógica de exploración. En el gas natural se busca típicamente un yacimiento sellado. Aquí, el recurso se asemeja más a un sistema de fluidos mineralizados, distribuido por rocas permeables y capas portadoras de agua, en lugar de concentrarse en estructuras en forma de cúpula.

Cómo se "cocina" el hidrógeno en las profundidades

Investigadores del laboratorio GeoRessources de la Universidad de Lorena, en colaboración con especialistas del CNRS, describen el proceso de formación como una especie de "cocina" subterránea. La receta combina agua, minerales ricos en hierro, carbón antiguo y rocas reactivas. Con temperatura, presión y tiempos geológicos prolongados, las reacciones químicas van separando moléculas de agua y liberando hidrógeno.

El objetivo ahora es obtener respuestas cuantificadas: a qué profundidades se forma el hidrógeno, en qué tipos de roca, bajo qué temperaturas y con qué velocidad migra hacia los acuíferos que pueden actuar como depósitos. Cada testigo de roca extraído y cada muestra de fluido se registran, analizan e integran en modelos.

Se pretende pasar de una curiosidad geológica a un recurso cuantificado y modelado, comparable a yacimientos de petróleo, gas o geotermia.

Junto al trabajo geológico y geoquímico, también se está llevando a cabo un esfuerzo de estandarización de mediciones y de trazabilidad de muestras, fundamental para que los resultados obtenidos a distintas profundidades y en diferentes formaciones puedan compararse con solidez y sin ambigüedades.

Medir antes de anunciar una revolución energética

Antes de hablar de producción a gran escala, hay dos preguntas que dominan el debate: cuánto hidrógeno aprovechable existe realmente en el subsuelo y a qué velocidad lo repone el sistema.

Los datos recopilados hasta ahora apuntan a una evolución marcada con la profundidad:

  • A unos 200 metros, el hidrógeno es prácticamente inexistente: aproximadamente el 0,1% de la mezcla gaseosa.
  • Entre 600 y 800 metros, la concentración asciende hasta el 1% y el 6%.
  • Cerca de los 1.100 metros, supera el 15%, un valor raramente observado en contexto continental.

Las simulaciones numéricas sugieren además que, en torno a los 3.000 metros, podrían existir zonas con purezas superiores al 90%. A escala regional, la estimativa de potencial ronda los 46 millones de toneladas de hidrógeno en la cuenca de Lorena. Para ponerlo en perspectiva, esa cifra supera la mitad de toda la producción mundial anual de hidrógeno gris en 2023, que sigue obteniéndose mayoritariamente a partir de combustibles fósiles.

Los incentivos económicos son evidentes: los analistas proyectan un mercado global de hidrógeno próximo a los 200.000 millones de euros anuales en poco más de una década. Un recurso doméstico de bajo carbono reforzaría sustancialmente la posición de Francia en la futura matriz energética europea.

Líneas rojas ambientales tras errores recientes

La Mosela y Lorena no han olvidado las polémicas asociadas a proyectos fósiles. En diciembre de 2025, el Consejo de Estado francés anuló una licencia de explotación de metano de capas de carbón en Lorena, alegando riesgos para las aguas subterráneas. Esa decisión sigue pesando sobre cualquier nueva actividad en el subsuelo.

En el REGALOR II, el mensaje es inequívoco: nada de repetir el episodio del "gas de carbón". El foco está en diseñar métodos de extracción que permitan captar hidrógeno disuelto en acuíferos profundos sin afectar a los abastecimientos de agua potable y sin provocar subsidencias.

Equipos franceses han desarrollado sondas especializadas capaces de muestrear y, potencialmente, extraer gases disueltos a grandes profundidades. Estos instrumentos, concebidos inicialmente para medición, están siendo adaptados gradualmente para soportar una producción controlada a escala industrial, siempre que los reguladores lo autoricen.

El futuro de cualquier extracción de hidrógeno en la Mosela dependerá del impacto sobre los recursos hídricos y sobre las comunidades locales.

Un aspecto cada vez más debatido es la necesidad de monitorización continua —presiones, composición de fluidos, integridad de los pozos— y de protocolos de seguridad que minimicen el riesgo de migración indeseada de gases o alteraciones hidrogeológicas.

¿Quién lidera el proyecto?

La coordinación industrial del REGALOR II corre a cargo de La Française de l'Énergie, responsable de la perforación y de las operaciones sobre el terreno. La dirección científica la asume el laboratorio GeoRessources, con el apoyo de:

  • BRGM (Servicio Geológico francés), para el conocimiento estructural y geológico
  • SOLEXPERTS France, para técnicas geotécnicas y perforación profunda
  • El equipo de investigación GRéSTOCK, para modelización, hidrogeología y fisicoquímica

Tres científicos —Philippe de Donato, Raymond Michels y Jacques Pironon— actúan como pilares científicos del proyecto, articulando la investigación fundamental con sus potenciales aplicaciones comerciales.

Marco político y financiación regional y europea

El proyecto en Lorena encaja en objetivos climáticos más amplios. La estrategia nacional francesa de bajas emisiones de carbono (SNBC) traza el camino hacia la neutralidad climática en 2050. Paralelamente, el paquete europeo Objetivo 55 persigue una reducción del 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero antes de 2030, respecto a los niveles de 1990.

Este contexto ayuda a explicar la financiación del REGALOR II. El presupuesto global alcanza los 13,33 millones de euros, de los cuales 8,7 millones son subvenciones del Fondo de Transición Justa de la Unión Europea y del consejo regional del Grand Est. Alrededor de 1,5 millones están asignados directamente a la Universidad de Lorena y al laboratorio GeoRessources, así como a equipos de ciencias sociales que analizan la aceptación pública, la regulación y los impactos locales.

Hidrógeno blanco, verde, gris y azul: diferencias esenciales

El hidrógeno se clasifica habitualmente por "colores", que reflejan su origen y la intensidad de las emisiones asociadas. El foco en Lorena es el hidrógeno natural o hidrógeno blanco, formado en el subsuelo sin intervención humana.

  • Hidrógeno blanco: generado de forma natural en el subsuelo, a menudo disuelto en acuíferos profundos. Sin emisiones de CO₂ durante su formación. Actualmente en fase de exploración. Recurso primario, sin proceso industrial previo.
  • Hidrógeno verde: producido mediante electrólisis del agua con electricidad renovable. Emisiones muy bajas, asociadas al equipamiento. Escala en crecimiento. Depende del acceso a energías renovables baratas.
  • Hidrógeno gris: obtenido mediante reforma de vapor del gas natural. Emisiones elevadas. Actualmente dominante, representa cerca del 95% de la producción mundial.
  • Hidrógeno azul: hidrógeno gris con captura y almacenamiento de CO₂. Emisiones reducidas, aunque no nulas. En fase de proyectos piloto industriales. El impacto real depende de la tasa de captura.

Cómo sería un escenario de éxito en el Grand Est

Si las pruebas en curso confirman volúmenes elevados y accesibles, el Grand Est podría convertirse en un proveedor relevante de hidrógeno de bajo carbono para la industria y el transporte, abasteciendo a Francia, Alemania y otros mercados cercanos. Infraestructuras ya existentes, como la red mosaHYc de la región, podrían reutilizarse o adaptarse para el transporte de hidrógeno, reduciendo los costes de implantación.

Siderurgias, plantas químicas y operadores de transporte pesado ya buscan fuentes estables de hidrógeno para sustituir los combustibles fósiles. Un recurso doméstico reduciría la dependencia de las importaciones y la exposición a precios globales volátiles, una preocupación que la reciente crisis energética europea ha acentuado.

Con todo, el calendario de desarrollo estará condicionado por varios factores: la estabilidad a largo plazo de los flujos en el yacimiento, el coste de extracción por kilogramo, las garantías ambientales y la velocidad con que la regulación se adapte a un recurso que, hasta hace muy poco, apenas figuraba en las políticas públicas.

Conceptos clave: "yacimiento" de hidrógeno y generación continua

A diferencia de un campo petrolífero, a menudo comparable a un depósito finito, un sistema de hidrógeno natural podría comportarse como un manantial de recarga lenta. Mientras la temperatura, la química y el aporte de agua sean favorables, las reacciones entre roca y agua pueden seguir generando hidrógeno de manera sostenida.

Los investigadores tratarán de determinar si la cuenca de Lorena funciona como un stock cerrado —una cantidad fija que se agota gradualmente— o como un sistema de flujo, en el que parte de lo extraído puede reponerse. Esta distinción puede determinar si el recurso sostiene décadas de producción o únicamente un período breve de alta actividad.

Para los municipios de la zona, la cuestión del equilibrio entre empleo, ingresos fiscales y dinamización industrial, por un lado, y protección del paisaje y seguridad hídrica, por otro, resulta igualmente crucial. En antiguas zonas mineras, la población suele entender bien los temas energéticos, pero también mantiene una prudencia justificada, recordando subsidencias, contaminación e impactos sociales del pasado.

Sea cual sea el veredicto final sobre los volúmenes disponibles, la experiencia del Grand Est ya está cambiando la forma en que Europa concibe el hidrógeno. Hasta hace poco, el debate giraba casi exclusivamente en torno a electrolizadores y electricidad renovable. En la Mosela, una vía geológica hacia la misma molécula empieza a tomar forma, muestra a muestra, metro a metro.

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