Una jornada que añadió siete buques de golpe
En apenas veinticuatro horas, China sumó una cantidad enorme de acero nuevo y capacidad de combate a una armada que ya venía creciendo a ritmo acelerado. El gesto confirma una transformación sin apenas precedentes históricos fuera del período de la Segunda Guerra Mundial, y plantea preguntas muy incómodas a Estados Unidos y sus aliados.
Siete buques comisionados en una sola ceremonia
Según diversos analistas de defensa y observadores especializados en fuentes abiertas, la Armada del Ejército Popular de Liberación —conocida por sus siglas en inglés, PLAN— incorporó formalmente siete grandes buques de guerra en un único acto oficial.
El protagonista indiscutible fue el Fujian, el portaaviones más reciente de China y el tercero en entrar en servicio desde 2012. Junto a él se comisionaron seis unidades adicionales: un buque de reabastecimiento Tipo 903A, un buque de asalto anfibio con helicópteros Tipo 075, un destructor Tipo 055, dos destructores Tipo 052D y un navío de recopilación de inteligencia en alta mar.
En conjunto, estos siete buques suman aproximadamente 170 000 toneladas de nuevo desplazamiento, incorporadas de una sola vez.
Para ponerlo en perspectiva, eso equivale a cerca del 42 % del tonelaje total de la Armada francesa, que opera algo más de 400 000 toneladas sumando buques de superficie y submarinos.
Un ritmo de crecimiento que no se veía desde la Armada estadounidense en tiempos de guerra
La expansión naval china durante la última década ha sido sostenida y sistemática. Desde mediados de los años 2010, la PLAN casi ha duplicado su número de buques de combate, con nuevas unidades saliendo de las cadenas de producción a un ritmo verdaderamente industrial.
La Oficina de Inteligencia Naval de Estados Unidos contabilizaba unos 255 buques de combate chinos en 2015. Las estimaciones actuales sitúan esa cifra cerca de los 400 en 2025, frente a aproximadamente 300 en la Armada estadounidense, aunque los buques norteamericanos siguen siendo considerablemente más pesados en promedio.
En tonelaje total, China todavía queda por detrás de Estados Unidos: alrededor de 2 millones de toneladas frente a 3 millones. Esa diferencia se explica en gran medida por los 11 portaaviones nucleares estadounidenses, significativamente más pesados que los portaaviones chinos de propulsión convencional.
El equilibrio en el mar está pasando de un liderazgo estadounidense incuestionable a un entorno en disputa en el Este de Asia.
Astilleros que construyen buques de guerra como si fueran cargueros
Un influyente estudio del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) ilustra bien la velocidad a la que crece la armada china. Entre 2019 y 2023, los cuatro principales astilleros chinos entregaron 39 buques de guerra con un desplazamiento combinado de 550 000 toneladas.
Estas nuevas quillas se suman a una flota que incluye, de manera aproximada, 50 destructores, unos 40 fragatas, más de 70 submarinos —entre ellos seis submarinos nucleares lanzadores de misiles balísticos— y tres portaaviones.
- 50+ destructores para defensa aérea de área y ataque de largo alcance
- 40+ fragatas orientadas a escolta y patrulla
- 70+ submarinos, incluyendo 6 unidades nucleares con misiles balísticos
- 3 portaaviones operativos, con más en construcción
De cara a 2035, tanto responsables chinos como analistas independientes anticipan al menos seis portaaviones operativos, lo que crearía una capacidad de grupos de ataque comparable en dimensiones —aunque no todavía en calidad— a la que la Armada estadounidense mantiene en el Pacífico.
Un factor frecuentemente subestimado en esta ecuación es el sostén logístico: buques reabastecedores como el Tipo 903A permiten prolongar la presencia en el mar, acumular más días de entrenamiento y mantener operaciones continuas. Es exactamente ese tipo de "músculo invisible" que convierte los números en disponibilidad operativa real.
También merece atención el efecto de arrastre industrial: cuando los astilleros trabajan en serie, la armada no solo gana cascos, sino también rutinas de mantenimiento, cadenas de suministro y mano de obra especializada que aceleran las siguientes construcciones y reducen los tiempos de parada.
El Fujian: símbolo de una nueva generación de portaaviones
El Fujian es, probablemente, la señal más clara de esa ambición. A diferencia de los dos primeros portaaviones chinos —fuertemente basados en soluciones de la era soviética y en cascos de origen externo— el Fujian fue construido íntegramente en China y representa un salto significativo en complejidad tecnológica.
Botado al agua en junio de 2022, es mayor en eslora, manga y tonelaje que sus predecesores, con un desplazamiento de aproximadamente 80 000 toneladas. En la práctica, se sitúa en una categoría de peso comparable a la de los superportaaviones estadounidenses, pese a no contar con propulsión nuclear.
El buque puede alojar hasta 64 aeronaves, incluyendo el caza furtivo J-35, presentado como la respuesta china a los aviones occidentales de quinta generación. En los portaaviones chinos anteriores, se estima que operaban alrededor de 40 aeronaves.
De la rampa de esquí a las catapultas electromagnéticas
El cambio tecnológico más relevante se encuentra en la cubierta de vuelo. El Fujian es el primer portaaviones chino del tipo CATOBAR —despegue asistido por catapulta y recuperación mediante cables de frenado—. En lugar de una rampa en forma de trampolín, emplea catapultas que lanzan las aeronaves con una carga útil mucho mayor.
El Fujian utiliza catapultas electromagnéticas, una tecnología que, en este momento, solo posee otro portaaviones en el mundo: el USS Gerald R. Ford estadounidense.
Estos sistemas electromagnéticos sustituyen a las catapultas de vapor dominantes desde los años cincuenta. Ocupan menos espacio, requieren menos personal y mantenimiento, y consumen menos agua, un factor crítico en despliegues prolongados.
Además, aceleran las aeronaves con mayor suavidad y precisión. Ese control más fino permite que los aviones más pesados despejen cargados con más armamento o combustible, ampliando así su radio de acción. También facilita el lanzamiento de plataformas mucho más ligeras, incluidos drones, sin dañar sus estructuras, una limitación habitual de las catapultas de vapor por su impulso más brusco.
La ventaja estadounidense mengua, pero no desaparece
A primera vista, la producción naval china parece aplastante. Nick Childs, experto marítimo del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, señaló recientemente que la capacidad china de construcción naval militar ronda las 200 veces la de Estados Unidos.
Del lado norteamericano, los astilleros han sufrido desviaciones de costes, cancelaciones de programas problemáticos y una sustitución lenta de buques envejecidos. El resultado es una Armada estadounidense con dificultades para alcanzar sus propios objetivos de tamaño de flota, mientras China añade nuevas unidades año tras año.
La Armada de Estados Unidos sigue siendo claramente superior en portaaviones nucleares y submarinos de primer nivel, pero la brecha se está reduciendo en varias categorías de buques de superficie.
Bajo el agua, sin embargo, el panorama estratégico cambia. La fuerza submarina china es numerosa, pero depende en gran medida de diseños diésel-eléctricos: muy silenciosos en aguas costeras, pero limitados en alcance y tiempo de permanencia.
Estados Unidos opera 14 submarinos lanzadores de misiles balísticos de la clase Ohio y 19 submarinos nucleares de ataque de la clase Virginia, además de unidades más antiguas. Estos medios pueden patrullar océanos durante meses, transportar misiles de crucero de largo alcance y, en el caso de los Ohio, constituir un pilar central de la disuasión nuclear estadounidense.
¿Puede China proyectar poder lejos de casa?
Esta es la pregunta clave para los planificadores en Tokio, Canberra y Washington. China ya cuenta con más cascos en total, pero su capacidad para sostener operaciones en el océano Índico o en el Atlántico está todavía por demostrar.
Sus tres portaaviones son de propulsión convencional y necesitarían una importante "cola" de buques cisterna y apoyo logístico para actuar lejos del continente. Las bases costeras y las posiciones insulares en el mar del Sur de China otorgan alcance sobre aguas cercanas, pero la cobertura global sigue siendo, en gran medida, dominio de la Armada estadounidense.
Taiwán en el centro y el componente anfibio en primer plano
Para los líderes chinos, los océanos lejanos no son la prioridad inmediata. El teatro decisivo se encuentra a apenas unos centenares de kilómetros del continente: Taiwán.
Un informe reciente del Royal United Services Institute (RUSI), un centro de estudios británico, prevé que Pekín podría estar lista para intentar una "reunificación" por la fuerza en torno a 2027. No es un plazo inamovible, sino un horizonte de planificación para las fuerzas occidentales.
Es aquí donde la componente anfibia china —incluidos los buques de asalto con helicópteros Tipo 075 y los medios de desembarco especializados— cobra todo su protagonismo. Estas plataformas pueden transportar tropas, blindados, helicópteros y drones a través del estrecho de Taiwán en números significativos, bajo la cobertura de destructores y fragatas equipados con misiles antibuque de largo alcance.
Si estallara una crisis en torno a Taiwán, China tendería a aportar masa; Estados Unidos y sus aliados tenderían a aportar fuego de largo alcance y portaaviones de propulsión nuclear.
En un escenario así, la iniciativa estratégica recaería probablemente sobre Washington: ¿comprometer grupos de ataque de portaaviones y submarinos en aguas fuertemente defendidas asumiendo el riesgo de pérdidas elevadas, o apostar más por misiles de largo alcance lanzados a distancia y por socios regionales como Japón y Australia?
Términos clave que moldean el debate
Algunas expresiones técnicas aparecen repetidamente en los análisis sobre la armada china y pueden alterar la percepción de quienes no son especialistas en la materia.
- Desplazamiento (toneladas): La masa de agua desplazada por un buque, aproximadamente equivalente al peso del propio buque; es una medida esencial de su tamaño.
- CATOBAR: Portaaviones que usa catapultas para lanzar aeronaves y cables de frenado para recuperarlas, lo que permite operar aviones más pesados y alas aéreas más diversificadas.
- SSBN: Submarino nuclear lanzador de misiles balísticos, que transporta misiles con ojivas nucleares como parte de la disuasión estratégica de un país.
- SSN: Submarino nuclear de ataque, diseñado para cazar buques y submarinos y realizar misiones de largo alcance.
Comprender estas diferencias ayuda a entender por qué el recuento bruto de buques puede resultar engañoso. Una flota con menos unidades pero más pesadas y con propulsión nuclear tiende a tener mayor alcance y capacidad de permanencia que una flota más numerosa compuesta por buques más ligeros orientados a operaciones regionales.
Riesgos, escenarios y lo que puede venir después
La incorporación del Fujian y sus seis buques acompañantes agrava el peso de varios escenarios preocupantes. Un bloqueo a Taiwán respaldado por aviación embarcada, por ejemplo, se vuelve más fácil de sostener cuando entran en servicio nuevos destructores, reabastecedores y buques de inteligencia.
Los países de la región también se enfrentan al riesgo de error de cálculo. Los buques nuevos y de gran capacidad empujan a las armadas hacia entrenamientos más agresivos, navegación más próxima a islas en disputa y ejercicios más complejos, incrementando la probabilidad de colisiones, incidentes de interferencia electrónica o interpretaciones erróneas de las intenciones ajenas.
Al mismo tiempo, la expansión naval china obliga a adaptaciones concretas. Japón está convirtiendo portahelicópteros en portaaviones ligeros capaces de operar el F-35B. Australia firmó el acuerdo AUKUS para adquirir submarinos de propulsión nuclear. Las armadas europeas reconsideran sus despliegues en el Indo-Pacífico y aceleran la modernización de sus flotas de superficie.
Para Pekín, cada hito —como incorporar un portaaviones y seis buques de guerra en un solo día— consolida un mensaje inequívoco: la era en que el poder marítimo estadounidense era incuestionable en Asia está desapareciendo. Si ese cambio desemboca en disuasión por equilibrio o en confrontación dependerá tanto de las decisiones políticas como del próximo buque que deslice por una rampa de botadura en algún astillero chino.













