Un plato tradicional que puedes preparar en cualquier época del año
Siempre ha circulado esa frase de "cría fama y échate a dormir". Y es, en gran medida, lo que le ha sucedido a la cocina asturiana durante las últimas dos décadas: ciertos platos con algo de popularidad han terminado convirtiéndose en estandartes regionales, aunque su raíz tradicional sea bastante cuestionable.
El ejemplo más evidente es el cachopo, ese enorme filete empanado que las redes sociales —y parte de la prensa, siempre fascinada por los formatos descomunales— han elevado a la categoría de mito, sin que su historia lo justifique del todo. Algo completamente diferente ocurre con recetas de verdad arraigadas, como las fabes.
Las cebollas rellenas: el auténtico clásico doméstico asturiano
Pero hoy no toca hablar ni de cucharas ni de cachopos. Lo que nos ocupa es una preparación mucho más sencilla, accesible y económica: las cebollas rellenas. Se trata de uno de los grandes clásicos de la cocina familiar asturiana y, por tradición, el relleno estrella ha sido siempre el bonito, lo que convierte a este plato en un guiso muy vinculado al verano.
No es habitual relacionar este tipo de preparaciones con los meses cálidos, pero la realidad es que el bonito abunda en las costas cantábricas precisamente en esa época del año. Eso no significa que no pueda disfrutarse fuera de temporada: basta con usar bonito fresco previamente cocinado o, como suele hacerse en la mayoría de los hogares, recurrir al bonito en conserva. Otros pescados también funcionan, aunque los azules de tamaño similar dan los mejores resultados.
Cómo preparar las cebollas rellenas paso a paso
El punto de partida es fundamental: conviene elegir cebollas dulces y de buen tamaño. Se pelan, se les recorta la base y se vacían con un sacabolas, dejando un par de capas de grosor suficiente para que soporten la cocción sin deshacerse. Después, se meten al microondas un par de minutos para que se ablanden ligeramente.
Mientras tanto, se prepara el relleno: se pican los trozos de cebolla que se han extraído, se ralla un diente de ajo y se pocha todo junto durante unos diez minutos, hasta que pierda por completo el sabor a crudo.
Después se incorporan el pimiento verde, el tomate concentrado y un chorrito de vino blanco, cocinando el conjunto en la sartén hasta que la mezcla quede bien trabada y homogénea.
El toque final: la cocción lenta
Con esa farsa se rellenan las cebollas, se tapan con el pequeño sombrerito que se había reservado al vaciarlas y se colocan en una cazuela o sartén honda donde encajen bien ajustadas. Se añade el resto de la salsa y un poco de agua, y solo queda dejar cocer a fuego suave durante aproximadamente una hora, hasta que las cebollas queden completamente tiernas y jugosas.
El resultado es un plato humilde en ingredientes pero generoso en sabor, de esos que demuestran que la cocina asturiana de verdad no necesita ni tamaños exagerados ni modas pasajeras para conquistar la mesa.













