Las viejas tensiones resurgen mientras Europa diseña su próximo caza
Mientras París, Berlín y Madrid debaten quién debe liderar su futuro sistema de combate aéreo, un nuevo informe del Senado francés vuelve a poner el foco en el programa Eurofighter y sostiene que cada avión terminó costando casi el doble que el Rafale, su rival de fabricación francesa.
El 19 de diciembre, un portavoz del Gobierno alemán intentó transmitir calma, asegurando que aún había "mucho tiempo" antes de fin de año para desbloquear el Sistema Aéreo de Combate del Futuro (FCAS, o SCAF en francés). Liderado por Francia, Alemania y España, el proyecto aspira a entregar, en la década de 2040, un Caza de Nueva Generación (NGF) y un sistema de combate más amplio en red.
Detrás de ese mensaje contenido se esconde un duro pulso sobre la gobernanza. Dassault Aviation, principal contratista francesa del NGF, defiende un liderazgo inequívoco y la capacidad de imponer decisiones técnicas. El argumento es sencillo: los retrasos se acumulan cuando las responsabilidades quedan difusas. Airbus, cuyo peso en el programa se refuerza a través de sus estructuras en Alemania y España, rechaza esa fórmula e insiste en una arquitectura más paritaria, próxima a una empresa conjunta.
Este bloqueo paralizó el avance durante meses y generó intercambios públicos especialmente tensos entre directivos de alto nivel.
FCAS/SCAF y el NGF: quién manda, quién decide y quién asume los riesgos
El debate no es solo sobre "quién firma", sino sobre quién tiene autoridad para arbitrar compromisos técnicos, controlar el calendario y asumir riesgos de ingeniería. En un programa como el FCAS/SCAF, donde el NGF deberá integrarse con sensores, comunicaciones, nube de combate y sistemas no tripulados, cualquier bloqueo de gobernanza tiende a propagarse por toda la cadena industrial.
Hay un factor que rara vez se menciona en voz alta: las decisiones de liderazgo influyen directamente en las exportaciones futuras. Un modelo excesivamente fragmentado puede dificultar la adaptación rápida a los requisitos de clientes externos, mientras que un mando claro puede acelerar las respuestas, aunque también concentra los beneficios industriales en un único polo, algo políticamente sensible entre socios.
Dos modelos de cooperación, dos resultados de costes muy distintos
El ejemplo del nEUROn: ligero, rápido y orientado a objetivos
En una audiencia en el Senado francés celebrada en junio, el director ejecutivo de Dassault, Éric Trappier, señaló un precedente como referencia positiva: el demostrador de dron de combate nEUROn. Seis países europeos cooperaron en ese programa, con Francia liderando el diseño y una agencia ejecutiva gestionando los contratos en nombre de todos los participantes.
El demostrador se completó en un plazo relativamente corto por menos de 500 millones de euros, con funciones asignadas según las competencias ya existentes de cada socio.
Suecia construyó la célula diseñada por Dassault. Italia, España y otros socios entregaron paquetes de trabajo bien delimitados. Como el control era claro y los límites de responsabilidad estaban bien definidos, hubo menos margen para disputas sobre quién decidía qué. En palabras de Trappier, no existió la tentación de que cada socio quisiera "ser califa en lugar del califa".
El modelo Eurofighter: empresa conjunta y control repartido
Airbus, por su parte, señala al Eurofighter Typhoon, desarrollado por Reino Unido, Alemania, Italia y España, como modelo a seguir. Ese diseño agrupó la propiedad intelectual en una estructura común y distribuyó grandes parcelas de trabajo por líneas nacionales, buscando equilibrio político y retorno industrial para todos.
Recientemente, el responsable de Airbus Defence & Space, Michael Schoellhorn, insistió en que, si los gobiernos "quieren que el FCAS exista", deben mantener lo ya acordado, sugiriendo claramente un esquema al estilo Eurofighter. Reabrir el debate de gobernanza, advirtió, sería inaceptable.
Dassault lo rebate frontalmente. Ante los senadores, Trappier argumentó que ese tipo de enfoque genera ineficiencia, porque las decisiones deben satisfacer intereses industriales en varias capitales en lugar de responder directamente a las necesidades militares. Y añadió un punto aún más difícil de ignorar: el coste.
Según varios tribunales de cuentas nacionales, el Eurofighter terminó siendo sustancialmente más caro que el Rafale, incluyendo el coste por aeronave.
Informe del Senado francés: el coste unitario del Eurofighter casi duplica al del Rafale
El nuevo informe del Senado francés sobre la Base Industrial y Tecnológica de Defensa Europea (BITDE) refuerza esa tesis con cifras concretas. Sus autores, Pascal Allizard y Hélène Conway-Mouret, analizaron grandes programas cooperativos y los compararon con proyectos de liderazgo más nacional.
Eligieron el Eurofighter Typhoon como caso de estudio sobre cómo la cooperación puede convertirse en un factor de encarecimiento.
El National Audit Office del Reino Unido estimó que los Eurofighter adquiridos por los británicos costaron en total 43.600 millones de euros, un 75% más de lo previsto inicialmente, con un coste unitario casi el doble que el del Rafale.
Las referencias para el Rafale las proporciona el Tribunal de Cuentas francés. Aunque ninguno de los dos aviones es barato, la diferencia señalada por estas instituciones es difícil de ignorar, especialmente porque ambos cumplen funciones similares como cazas multiusos en las fuerzas aéreas europeas.
Por qué se disparó la factura del Eurofighter
Los senadores franceses identifican varios factores que empujaron los costes del Eurofighter al alza:
- Negociaciones prolongadas entre Estados socios y empresas, acumulando retrasos
- Múltiples líneas de montaje final, mantenidas principalmente por motivos políticos
- Intentos de los socios de usar el programa para adquirir competencias que no poseían al inicio
Cada decisión tenía su lógica. Los gobiernos querían empleo interno, las empresas buscaban acceso a conocimiento avanzado y nadie quería aparecer como el "socio menor" del consorcio. Sin embargo, el efecto combinado fue el aumento del gasto y la dilatación de los plazos.
Posteriormente, el Tribunal de Cuentas alemán concluyó que los costes de mantenimiento del Eurofighter a lo largo de todo su ciclo de vida serían aproximadamente el doble de las estimaciones iniciales.
Esta desviación en el ciclo de vida pesa tanto como el precio de adquisición. A lo largo de varias décadas, operar y sostener un caza suele costar más que comprarlo.
Por qué estas cifras ensombrecen el FCAS/SCAF
El momento del informe resulta especialmente incómodo para quienes negocian el FCAS/SCAF. Mientras Francia, Alemania y España intentan cerrar la siguiente fase del NGF, los parlamentos reciben un recordatorio de que el último gran caza multinacional europeo superó ampliamente su presupuesto.
El documento del Senado defiende un cambio de mentalidad en la política industrial de defensa europea: al diseñar cooperaciones, los objetivos financieros e industriales deben tener un peso mucho mayor junto al simbolismo político. Los programas que, a fuerza de compromisos sucesivos, se vuelven largos, costosos y tecnológicamente limitados deben reevaluarse sin tabúes, sostienen los senadores.
| Programa | Países líderes | Modelo de gobernanza | Resultado principal en costes |
|---|---|---|---|
| Eurofighter Typhoon | Reino Unido, Alemania, Italia, España | Empresa conjunta, propiedad intelectual compartida y reparto de trabajo | +75% respecto a la estimativa inicial británica; costes unitarios y de ciclo de vida muy por encima de lo planificado |
| Rafale | Francia | Liderazgo nacional, alianzas de exportación | Coste unitario inferior al del Eurofighter, según auditorías francesas y británicas |
| Dron nEUROn | Francia + 5 socios | País líder bien definido, reparto ajustado de trabajo | Completado por menos de 500 millones de euros, con plazo controlado |
En el FCAS/SCAF, esta historia incide directamente en la cuestión central: ¿debe existir una empresa y un Estado con liderazgo claro, o debe la autoridad quedar casi perfectamente equilibrada entre los socios?
Qué significan en la práctica el "coste unitario" y el "coste de ciclo de vida"
Detrás del enfrentamiento político hay conceptos presupuestarios que moldean las decisiones de defensa.
El "coste unitario" puede calcularse de varias formas. A veces se refiere al precio del avión recién salido de fábrica; otras veces incluye desarrollo y soporte, repartidos entre toda la flota. Por eso, comparar programas exige criterios contables coherentes. En el informe del Senado, los auditores utilizan el coste total del programa dividido entre el número de aeronaves efectivamente pedidas, un método que penaliza los proyectos que, tras su arranque, reducen el volumen de compra.
El "coste de ciclo de vida" va más lejos: incluye mantenimiento, repuestos, modernizaciones, combustible, formación e incluso los costes de desactivación. En un caza con 30 o 40 años de servicio, el ciclo de vida puede representar varias veces el valor de adquisición.
Cuando los auditores afirman que los costes de mantenimiento del Eurofighter a lo largo del ciclo de vida serán el doble de lo esperado, están señalando una presión presupuestaria que se extenderá durante décadas tras las entregas.
Qué implica todo esto para las fuerzas aéreas y los contribuyentes
La comparación Eurofighter-Rafale tiene efectos directos en los presupuestos de defensa. Si un caza futuro cuesta el doble por aeronave, un país podría verse obligado a comprar menos unidades, volar menos horas o recortar en otras ramas de sus fuerzas armadas. Ese intercambio afecta a la disponibilidad operativa y a la capacidad de sostener misiones.
Para las fuerzas aéreas, una gobernanza más compleja también puede retrasar las modernizaciones. Cada socio tiende a impulsar requisitos nacionales distintos, lo que complica las actualizaciones de software y la integración de nuevas armas. En áreas que evolucionan rápidamente, como la guerra electrónica, esos retrasos pueden dejar a los pilotos operando aviones muy capaces pero perdiendo terreno frente a las amenazas emergentes.
Por otro lado, los programas cooperativos permiten compartir los costes de desarrollo y ofrecen a países más pequeños acceso a tecnología punta que difícilmente financiarían solos. Además, fomentan la interoperabilidad entre aliados. Para los líderes europeos, ese beneficio político y estratégico es relevante, especialmente en un contexto en que Estados Unidos orienta cada vez más su atención hacia el Indo-Pacífico.
En los escenarios más probables para el FCAS/SCAF, el equilibrio deberá afinarse con cuidado. Una gobernanza más ágil puede reducir el coste de negociación y limitar las duplicidades industriales. Sin embargo, los socios seguirán exigiendo retornos industriales internos. La forma en que resuelvan ese dilema puede determinar si el FCAS se aproxima al perfil de costes del Eurofighter o si se acerca más a los modelos del Rafale y del nEUROn destacados por el Senado francés.
Por ahora, el tiempo apremia. Francia, Alemania y España disponen de una ventana estrecha para definir cómo van a repartir el control de su futuro caza. Y los números del último gran experimento europeo de control compartido ya están, en blanco y negro, sobre las mesas de los parlamentarios.













