El golpe del 23-F fracasó, pero algo salió bien: el bar del Congreso

Una noche de febrero que el bar del Congreso no olvidará jamás

Hay lugares que parecen ajenos al caos del mundo exterior. Pero aquella fría noche del 23 de febrero de 1981, mientras España contenía la respiración ante un golpe de estado en directo, un rincón del Congreso de los Diputados vivía su propia historia paralela: la cantina del hemiciclo se convirtió en el cuartel de avituallamiento de los propios golpistas.

Con la desclasificación de los documentos relacionados con el golpe del 23-F, han salido a la luz detalles tan insólitos como reveladores. Mientras los tanques ocupaban las calles, Juan Carlos I aparecía en televisión y el teniente coronel Tejero pistola en mano intimidaba a los diputados, sus hombres encontraban refugio y consuelo en la barra del bar del Congreso.

121 botellas de alcohol de alta graduación

El dato más llamativo que ha trascendido es el del consumo de bebidas alcohólicas durante aquella jornada. Se calcula que los asaltantes llegaron a consumir 121 botellas de alcohol de alta graduación: brandy, ginebra, whisky y cava, entre otros. Una cifra que resulta difícil de ignorar.

El inventario completo, elaborado cinco días después por el Servicio de Intendencia del Congreso, arrojó un balance todavía más exhaustivo: 208 botellas de alcohol en total, 16 cajas de cerveza, 23 de refrescos, 60 litros de zumo y 47 botellas de agua mineral. Entre las referencias más llamativas figuraban cuatro botellas de champán Moët Chandon y dos de coñac Martell, ambas marcas de origen francés. No exactamente el perfil de consumo de una tropa en austeridad militar.

El gasto total en bebidas ascendió a 106.672 pesetas, algo más de 3.100 euros al cambio actual. Sin embargo, si se aplica el ajuste por inflación, la cifra real equivaldría aproximadamente a 7.500 euros de hoy en día.

Fumar a cascoporro en el Congreso

El alcohol no fue el único exceso de aquella velada. En una época en la que el tabaco circulaba con una libertad que hoy resulta inimaginable, el gasto en cigarrillos también fue notable. Los golpistas consumieron cigarrillos por valor de 58.400 pesetas, unos 1.700 euros actuales. Las marcas que pasaron por sus manos fueron las de siempre en aquella España: Fortuna, Ducados y Bisonte. De vaporizadores y cigarrillos de autor, ni rastro.

La factura de la comida: jamón serrano incluido

Al gasto en bebidas y tabaco habría que añadir el de la comida. Se estima que el consumo de alimentos durante aquella noche alcanzó las 93.349 pesetas, equivalentes a unos 2.719 euros hoy. Una cantidad que tampoco es despreciable si se tiene en cuenta que el contingente de guardias civiles reclutados por Tejero para asaltar el Congreso rondaba los 200 efectivos.

El inventario posterior reflejó que quedaron dañados o consumidos 97 kilos, 14 botes, 27 latas y 27 cajas de productos alimenticios variados. Entre los artículos más curiosos del recuento aparecían tres piezas enteras de jamón serrano, valoradas en 7.600 pesetas, unos 220 euros al precio actual.

Bocadillos del Palace y café en termo para los de fuera

El menú de aquella noche histórica no se limitó al interior del edificio. Las tropas leales apostadas en el exterior del hemiciclo también tuvieron que hacer frente al hambre y al frío. Su solución fue más austera: bocadillos traídos del Hotel Palace, situado a apenas 40 metros del Congreso, y café servido en termos para aguantar las largas horas de espera.

Una misma noche, pues, con dos realidades gastronómicas muy distintas separadas por una pared.

Una condena que nunca se cobró

El desenlace judicial del 23-F incluyó también la cuestión económica. El consejo de guerra condenó a los golpistas a abonar 1.076.454 pesetas para cubrir los daños causados en el Congreso, una suma que englobaba todo el desfalco del bar. Sin embargo, no existe constancia documentada de que ese dinero llegara alguna vez a las arcas del Palacio de las Cortes.

Así quedó escrita, en botellas vacías y facturas sin cobrar, una de las páginas más extrañas de la historia reciente de la democracia española.

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