¿Los escáneres médicos pueden incrementar el riesgo de cáncer?

La tomografía computarizada y una preocupación que no deja de crecer

En una sala de hospital, a menudo fría y silenciosa, el examen termina en cuestión de minutos. El resultado llega rápido: a veces tranquiliza, otras veces abre nuevos interrogantes.

La tomografía computarizada —conocida popularmente como escáner— se ha convertido en un pilar fundamental de la medicina moderna. Salva vidas a diario, pero está cada vez más en el centro de un debate incómodo: la posibilidad de que, a lo largo de décadas, contribuya de forma pequeña pero medible al aumento del riesgo de cáncer en la población.

El auge del escáner y las preguntas que genera

En hospitales públicos y privados, la tomografía se ha vuelto casi un reflejo automático. ¿Dolor intenso? Escáner. ¿Traumatismo? Escáner. ¿Sospecha de embolia pulmonar, accidente cerebrovascular o tumor? Otro escáner más. La tecnología se ha consolidado como referencia en urgencias y consultas externas gracias a su rapidez y a la nitidez de las imágenes que produce.

Solo en Estados Unidos, estimaciones recientes apuntan a cerca de 93 millones de tomografías realizadas en 2023, que afectaron a poco más de 62 millones de personas. A primera vista, estas cifras hablan de mayor acceso al diagnóstico. Pero algunos investigadores se hicieron una pregunta diferente: ¿qué ocurre cuando esta exposición se repite y se acumula a lo largo de toda una vida?

Modelos estadísticos publicados en una revista científica de referencia en medicina interna sugieren que el volumen actual de exploraciones podría estar asociado a unos 103.000 casos adicionales de cáncer a lo largo de la vida de los pacientes expuestos. Esto no significa que alguien pueda señalar un tumor concreto y afirmar que lo causó un escáner específico. El efecto es difuso, se diluye en muchos años, pero se hace visible cuando se analizan poblaciones enteras.

Las proyecciones sugieren que, si las prácticas no cambian, la tomografía podría contribuir a aproximadamente el 5% de los nuevos diagnósticos anuales de cáncer.

Con esa magnitud, la exposición a los escáneres entraría en el mismo "escalón poblacional" que factores de riesgo ya conocidos, como el consumo de alcohol o la obesidad, cuando se habla de riesgo a nivel colectivo.

Cómo funciona el escáner y por qué inquieta la radiación ionizante

Un escáner médico utiliza rayos X para generar imágenes en "cortes" del cuerpo. A partir de esos datos, los ordenadores reconstruyen representaciones detalladas de órganos, vasos sanguíneos y huesos. En situaciones críticas —traumatismos graves, sospecha de hemorragia intracraneal o aneurismas— esa rapidez y precisión pueden resultar decisivas.

La preocupación surge por la radiación ionizante. Este tipo de radiación puede provocar alteraciones en el ADN de las células. El organismo es capaz de reparar la gran mayoría de esos daños, pero una pequeña parte puede escapar a los mecanismos de corrección y, muchos años después, contribuir al desarrollo de un tumor.

A diferencia de una radiografía simple de tórax, la tomografía computarizada implica, por lo general, dosis más elevadas concentradas en zonas específicas. El abdomen, el tórax y la pelvis suelen ser las áreas más críticas, ya que incluyen órganos sensibles y con frecuencia requieren protocolos con mayor carga de radiación.

Quién es más vulnerable al riesgo acumulado de la tomografía

Los datos transmiten un mensaje claro: el riesgo no es igual para todos. Los niños y adolescentes representan el grupo que más preocupa, porque su cuerpo aún está en desarrollo y las células se dividen más rápidamente, lo que aumenta la probabilidad de que una alteración en el ADN se replique.

La mayor inquietud científica se concentra en los bebés, especialmente menores de 1 año. En esta etapa, incluso una única tomografía puede suponer un aumento relevante del riesgo a lo largo de la vida, aunque en términos absolutos esa cifra siga siendo baja para cada niño individualmente.

En adultos, el factor clave es la repetición. Los pacientes con enfermedades crónicas —como cáncer, enfermedad inflamatoria intestinal o problemas cardíacos complejos— acaban realizando a veces numerosas tomografías a lo largo de los años. Esa acumulación constituye la denominada dosis acumulada.

  • Niños y jóvenes: mayor sensibilidad biológica a la radiación
  • Mujeres: mayor incidencia de cáncer de mama y tiroides en los modelos de riesgo
  • Pacientes crónicos: los exámenes repetidos elevan la dosis acumulada
  • Zonas más expuestas: abdomen, tórax y pelvis concentran las dosis más altas

Tipos de cáncer que aparecen con más frecuencia en las estimaciones

En los modelos utilizados por los investigadores, ciertos tumores surgen con mayor frecuencia al evaluar la exposición acumulada a rayos X. Entre los más citados se encuentran:

  • cáncer de pulmón
  • cáncer de colon
  • cáncer de vejiga
  • cáncer de tiroides
  • leucemias y otros cánceres de la sangre
  • cáncer de mama, especialmente cuando la exposición ocurre en edades tempranas

Una parte de estas estimaciones se basa en datos históricos de supervivientes de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, quienes recibieron dosis muy superiores en un período brevísimo. Los investigadores adaptan esa información al contexto médico —dosis más bajas y distribuidas en el tiempo—, lo que introduce cierta incertidumbre, pero sigue apuntando a una señal consistente de riesgo.

Hoy no existe manera de señalar un examen concreto y afirmar: "fue este escáner el que causó este cáncer". Lo que se observa es un aumento discreto del riesgo cuando se analizan grandes poblaciones.

Radiología en alerta: beneficio inmediato frente a riesgo futuro

Las sociedades médicas de radiología responden con cautela. Recuerdan que la tomografía está vinculada a la reducción de la mortalidad en urgencias, al diagnóstico más precoz de enfermedades graves y a la disminución de cirugías innecesarias. En muchos casos, no realizar el examen puede significar perder el momento oportuno para tratar una patología.

Existe también un punto técnico relevante: los equipos y protocolos actuales no son los mismos que los de hace 10 o 15 años. Los fabricantes han ido reduciendo las dosis, mejorando los detectores y optimizando los algoritmos de reconstrucción. En varios centros, un examen realizado hoy puede equivaler a una fracción de la dosis utilizada en el pasado.

La crítica recae menos sobre el uso puntual y bien justificado, y más sobre la rutina automática: solicitudes en serie, sin reflexión clínica, únicamente para "no fallar" o para suplir una exploración física incompleta, lo que genera dudas sobre la relación riesgo-beneficio.

¿Cuándo tiene sentido hacer una tomografía? Preguntas que ayudan a decidir

Decidir puede —y debe— ser un proceso compartido entre médico y paciente. Algunas preguntas prácticas orientan mejor esa conversación:

Pregunta Por qué es importante
¿El examen cambiará el tratamiento? Si el resultado no modifica la conducta clínica, el beneficio puede no compensar el riesgo.
¿Existe alguna alternativa sin radiación? La ecografía y la resonancia magnética no utilizan rayos X.
¿Ya me han hecho muchos escáneres antes? El historial ayuda a estimar la dosis acumulada.
¿El servicio está acreditado y sigue protocolos de dosis? Los centros con certificación suelen equilibrar mejor calidad de imagen y seguridad.

Campañas internacionales de uso racional de pruebas diagnósticas en adultos y protocolos específicos para niños ya ofrecen criterios y materiales para ayudar a los profesionales a decidir cuándo solicitar —o evitar— una tomografía.

Buenas prácticas clínicas: justificación, optimización y el principio ALARA

Más allá del "hacerlo o no hacerlo", existe una tercera vía esencial: hacerlo mejor. En radiología es habitual aplicar el principio ALARA ("tan bajo como sea razonablemente posible"), que busca mantener la dosis de radiación en el mínimo compatible con una imagen clínicamente útil. Esto incluye ajustar los parámetros al peso y la edad del paciente, limitar el área explorada y evitar fases repetidas cuando no aportan información adicional.

Otro aspecto que merece atención es la coordinación entre equipos. Cuando distintas especialidades siguen al mismo paciente —oncología, cardiología y urgencias, por ejemplo— contar con un plan de imagen compartido puede reducir redundancias sin comprometer el seguimiento clínico.

Tecnología, inteligencia artificial y protocolos con dosis más bajas

A medida que el debate se intensifica, la respuesta tecnológica se acelera. Los nuevos tomógrafos prometen mantener la calidad diagnóstica con dosis menores, combinando detectores más sensibles con software avanzado de reconstrucción. Las técnicas modernas reducen el "ruido" de la imagen sin perder el detalle clínicamente relevante.

La inteligencia artificial empieza a implantarse en los hospitales con dos líneas principales de actuación:

  1. Apoyar la valoración de la indicación del examen, cruzando guías clínicas, síntomas e información del historial médico del paciente.
  2. Hacer un seguimiento de la dosis recibida por cada paciente a lo largo del tiempo, generando alertas cuando el número de exploraciones empieza a ser excesivo.

El objetivo no es acabar con la tomografía, sino eliminar lo que es redundante, repetitivo o poco útil para el cuidado real del paciente.

Algunos servicios ya han adoptado protocolos "más ligeros": menos fases por examen, menor extensión del área explorada y ajustes precisos de dosis para niños, personas mayores y pacientes con bajo peso corporal. Pequeñas reducciones por examen, multiplicadas por millones de pacientes, pueden traducirse en una diferencia relevante en el impacto poblacional.

Lo que el paciente puede hacer, en la práctica, para mejorar su seguridad

Para quien está al otro lado de la consulta, puede parecer que no hay mucho margen de actuación. Sin embargo, hay medidas sencillas que mejoran la seguridad de forma significativa:

  • Llevar un resumen de los exámenes anteriores, incluidos los informes de tomografía.
  • Preguntar si una ecografía o una resonancia magnética podría resolver la misma duda clínica.
  • Confirmar con el médico si el resultado del examen va a modificar realmente el tratamiento.
  • Preguntar si el servicio dispone de protocolos específicos para niños, embarazadas y personas con muchas exposiciones previas.

Otra estrategia útil es mantener un registro personal de los exámenes que implican radiación, ya sea en una aplicación móvil o en una cartilla de salud. En consultas futuras, ese historial facilita la valoración sobre la necesidad de realizar un nuevo escáner.

Conceptos clave para entender el debate

Tres expresiones aparecen de forma recurrente y suelen generar confusión. Conviene tenerlas claras:

  • Radiación ionizante: radiación capaz de eliminar electrones de los átomos, alterando moléculas, incluido el ADN.
  • Dosis acumulada: suma de la radiación recibida a lo largo de varios exámenes o procedimientos durante toda la vida.
  • Riesgo absoluto frente a riesgo relativo: el riesgo relativo puede aumentar considerablemente, pero si el riesgo absoluto de partida es bajo, el incremento real sigue siendo pequeño.

Un ejemplo sencillo ilustra la diferencia. Imaginemos que, sin ningún examen, una persona tendría un 1% de probabilidad de desarrollar un determinado cáncer a lo largo de su vida. Si la exposición prolongada a la radiación elevara ese valor hasta el 1,2%, el riesgo relativo aumentaría un 20%, lo que suena alarmante. Sin embargo, en términos absolutos, el incremento sería de apenas 0,2 puntos porcentuales para esa persona. Ahora bien, en escala poblacional, ese "pequeño" aumento puede traducirse en miles de casos, y es ahí donde los estudios ponen el foco.

Al final, la decisión siempre supone equilibrar dos realidades: el riesgo inmediato de no diagnosticar hoy una enfermedad grave y tratable, y la probabilidad —mucho más lejana en el tiempo— de favorecer la aparición de un cáncer. La tendencia en medicina es hacer ese cálculo más transparente, más ajustado y más personalizado, para que cada tomografía computarizada sea realmente necesaria y tenga sentido para el paciente.

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