Argentina podría convertirse en colonia energética: el plan nuclear genera polémica por los intereses de EE.UU.

Una aldea minera fantasma en el corazón de una nueva apuesta nuclear

En una meseta polvorienta de la Patagonia, una vieja excavación de uranio vuelve a funcionar como advertencia para quienes, en los pueblos cercanos, ven aproximarse una nueva carrera por la energía.

Mientras el Gobierno argentino retoma el uranio y la energía nuclear, vecinos, científicos y exfuncionarios públicos se preguntan quién se quedará realmente con las ganancias, y si el país está cediendo discretamente su soberanía energética a cambio de la conveniencia estratégica de Washington.

En la provincia de Chubut, al sur de Argentina, la pequeña localidad de Cerro Cóndor se alza sobre el río Chubut y contempla desde lo alto las instalaciones de uranio abandonadas desde los años setenta. Las galerías están en silencio, muchas casas quedaron vacías y persisten relatos locales de cánceres e irritaciones cutáneas que nunca fueron investigados debidamente.

Entre los residuos mineros y el río que abastece a ciudades costeras, quedan sobre todo desechos antiguos, algunas vallas y un cartel de "Área Restringida".

Esas laderas marcadas han vuelto al punto de mira. La administración del presidente Javier Milei pretende reactivar la extracción de uranio en Cerro Solo, uno de los yacimientos más grandes conocidos del país, presentándolo como punto de partida para una reformulación profunda de la estrategia nuclear argentina.

Para las comunidades indígenas Mapuche que permanecieron cuando el último ciclo minero se agotó, el regreso de las perforaciones genera más inquietud que esperanza. Muchos recuerdan las promesas de empleo y desarrollo que se hicieron en el pasado; lo que quedó en la memoria fue contaminación, abandono y un prolongado silencio por parte de los organismos reguladores.

Antes de cualquier relanzamiento, existe una dimensión frecuentemente subestimada: la recuperación ambiental. En lugares con pasivos históricos de uranio, medidas como la cobertura y estabilización de escombreras, la contención de polvo, el seguimiento de aguas superficiales y subterráneas y los planes de emergencia dejan de ser "extras" para convertirse en condiciones previas imprescindibles, especialmente cuando hay cursos de agua relevantes a escasa distancia.

La huella de Washington en un plan nuclear supuestamente nuevo

Milei ha descrito a Argentina como un "aliado incondicional de EE.UU." y está alineando la política nuclear con esa orientación. Su hoja de ruta se apoya en cuatro grandes apuestas:

  • Reabrir minas de uranio en la Patagonia y otras provincias
  • Desarrollar y exportar SMR (reactores modulares pequeños)
  • Alimentar centros de datos de inteligencia artificial con energía nuclear
  • Vender una participación minoritaria significativa en la empresa estatal Nucleoeléctrica

Argentina no parte de cero: cuenta con una larga tradición nuclear civil. Sus tres reactores —Atucha I, Atucha II y Embalse— suministran alrededor del 5% de la electricidad del país. Además, el país construye reactores de investigación y produce isótopos médicos, un tipo de exportación de alto valor añadido poco habitual en América Latina.

Aun así, para los críticos, el impulso actual parece menos un proyecto de desarrollo interno y más una estrategia de abastecimiento pensada para beneficiar a Estados Unidos.

Uranio para exportar, no para iluminar Argentina

La producción de uranio en Argentina se detuvo a finales de los años noventa y, desde entonces, el país pasó a depender de las importaciones. A primera vista, reabrir minas podría sugerir un refuerzo de la independencia energética, pero los detalles apuntan en otra dirección.

Dioxitek, la empresa estatal que procesa uranio para los reactores argentinos, firmó en 2024 un acuerdo con la estadounidense Nano Nuclear Energy para suministrar hexafluoruro de uranio, una forma química utilizada en el enriquecimiento. Esa no es la forma principal empleada por los propios reactores del país, que operan con uranio natural o con óxido de uranio de bajo enriquecimiento.

Al mismo tiempo, Nano Nuclear alcanzó un entendimiento con UrAmerica, empresa británico-argentina con activos relevantes de uranio en Chubut, señalando como objetivo "reforzar la seguridad energética de EE.UU." a través de una fuente de combustible fiable.

Las reservas argentinas podrían abastecer sus propios reactores durante décadas, pero los nuevos contratos parecen diseñados para responder, en primer lugar, a la demanda estadounidense.

Exfuncionarios del sector estiman que las reservas probadas del país alcanzarían para unos 70 años de necesidades internas al ritmo actual. Si la capacidad nuclear creciera, ese horizonte se reduciría, aunque seguiría representando un margen estratégico considerable.

Según estos críticos, exportar uranio en bruto en lugar de convertirlo en energía e industria locales repite un patrón latinoamericano bien conocido: los minerales salen, la tecnología entra, y los empleos mejor remunerados quedan en el extranjero.

El abandono del proyecto emblemático CAREM en la energía nuclear argentina

Durante décadas, Argentina apostó por su propio SMR: el CAREM. En construcción desde 2014, está considerado uno de los diseños más avanzados del mundo. Un informe de la Agencia de Energía Nuclear de la OCDE en 2024 lo situó entre los principales candidatos globales.

Se han invertido más de 560 millones de libras (aproximadamente 650 millones de euros) y, según los ingenieros implicados, la central está cerca de dos tercios de su conclusión. La arquitectura del CAREM fue diseñada para sostener cadenas de suministro nacionales —desde componentes hasta servicios especializados— y abrir puertas a exportaciones hacia países en desarrollo que buscan reactores de menor escala.

La administración actual, sin embargo, ha dejado el proyecto prácticamente congelado y ha pasado a calificarlo de fracaso. En su lugar, promueve un concepto distinto de SMR: el ACR300, un diseño recientemente patentado con un desarrollo todavía incipiente, estimado en torno al 1%. La patente pertenece a una empresa estatal, pero a través de una filial con sede en EE.UU., lo que coloca la propiedad intelectual crítica bajo jurisdicción estadounidense.

Argentina está dejando de lado un reactor nacional casi terminado para perseguir un diseño en fase inicial, con la propiedad intelectual anclada en el sistema jurídico de EE.UU.

Ingenieros informan de la disolución de equipos y recortes presupuestarios en el CAREM. Personas cercanas al Gobierno de Milei aseguran que es posible entregar cuatro SMR en cinco años con el nuevo enfoque, una meta que los especialistas consideran poco realista dado el escaso grado de madurez del ACR300.

De la competencia china al alineamiento con EE.UU.

El viraje también acompaña una reorganización diplomática más amplia. En gobiernos anteriores, Argentina negoció con China la compra de un reactor Hualong One para una cuarta central nuclear comercial, diversificando así los proveedores fuera del eje tecnológico occidental.

Según exnegociadores argentinos, representantes estadounidenses presionaron intensamente para frenar ese proyecto. Milei lo suspendió por completo, eliminando una posible entrada china en el mercado nuclear de América Latina y reduciendo las preocupaciones de EE.UU. sobre la competencia estratégica en la región.

Privatizar Nucleoeléctrica, una empresa nuclear rentable

Otro frente del debate es la titularidad de Nucleoeléctrica, responsable de la operación de los reactores del país. El Gobierno pretende vender el 44% de las acciones a un inversor privado. Aunque no constituye mayoría, sería el bloque individual más grande, con una influencia relevante sobre las decisiones a largo plazo.

La propuesta genera indignación porque Nucleoeléctrica se encuentra entre las pocas empresas estatales con resultados sólidos. En el primer trimestre de 2025, registró un superávit récord de 17.200 millones de pesos.

Característica clave Nucleoeléctrica hoy Tras la venta propuesta
Propiedad 100% estatal 56% estatal, 44% privada
Situación financiera Superávit consistente Beneficios compartidos con inversor privado
Control estratégico Decisión pública Actor privado gana influencia determinante

Diputados de la oposición intentaron declarar la empresa como "activo estratégico" para frenar la privatización, pero es improbable que logren la supermayoría necesaria para superar un eventual veto presidencial.

Los críticos argumentan que las infraestructuras nucleares —con ciclos de vida que superan los 60 años y estrictas obligaciones internacionales de seguridad— no encajan con lógicas de rentabilidad a corto plazo. Temen además que la entrada de actores privados o extranjeros reduzca el margen del país para definir de forma autónoma su estrategia energética.

Recortes en ciencia y agravamiento de la fuga de cerebros

Detrás del debate nuclear se desarrolla una presión más amplia sobre el sistema público de ciencia. Milei llegó al poder atacando lo que denominó instituciones de la "casta" y redujo la financiación a agencias de investigación, universidades públicas y organismos de seguimiento ambiental.

Los sindicatos estiman que entre el 80% y el 90% de los trabajadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) cobran hoy por debajo del umbral de pobreza. Muchos técnicos e investigadores han aceptado ofertas en el extranjero, llevándose consigo el conocimiento acumulado durante décadas. Datos oficiales indican que en 2024 solo se ejecutó una parte del presupuesto aprobado para ciencia e innovación.

Si la salida de ingenieros continúa, Argentina corre el riesgo de quedar reducida al papel de proveedora de materia prima, sin capacidad para orientar su propia tecnología nuclear.

Exreguladores advierten de que una supervisión debilitada, laboratorios infrafinanciados y equipos técnicos reducidos pueden incrementar los riesgos tanto en los emplazamientos nucleares en operación como en los depósitos históricos de residuos de uranio, incluidos los de Chubut.

Existe además un punto adicional crítico para los territorios con presencia indígena: la necesidad de procesos de consulta y participación que sean efectivamente vinculantes y transparentes. Sin mecanismos de fiscalización, acceso público a datos de seguimiento y garantías de responsabilidad, la confianza social resulta difícil de construir, especialmente en regiones con un historial de promesas incumplidas.

El temor a una "colonia energética" en la Patagonia

La Patagonia tiene un largo historial de resistencia a los megaproyectos. La provincia de Chubut prohibió la minería de oro a cielo abierto tras un referéndum celebrado en 2003, en el que el 81% votó en contra. En 2021, un nuevo intento de abrir la estepa central a la minería cayó después de días de protestas masivas, cortes de carretera e incendios en edificios públicos.

El movimiento antinuclear está igualmente arraigado. Desde los años ochenta, decenas de localidades aprobaron ordenanzas municipales declarándose "no nucleares" y prohibiendo materiales nucleares dentro de sus límites. Muchas de esas medidas surgieron de una exitosa campaña que frenó un proyecto de depósito de residuos nucleares cerca de la localidad de Gastre.

Ahora, con los debates sobre nuevas excavaciones de uranio y "ciudades nucleares" para centros de datos de inteligencia artificial, los dirigentes locales señalan que la Patagonia vuelve a ser tratada como una zona de sacrificio.

"Nos están convirtiendo en una colonia energética", afirman representantes indígenas, señalando las áreas de residuos abandonadas sin vigilancia junto a ríos esenciales.

El agua es la preocupación central. El río Chubut, que discurre a menos de 1 kilómetro de los antiguos residuos mineros en el centro de Chubut, suministra agua potable a ciudades costeras como Trelew, Gaiman y Rawson. Informes internos de la CNEA, a lo largo de varias administraciones, reconocen fallos en el seguimiento radiológico en las áreas de depósito.

Centros de datos de IA y energía nuclear: una combinación arriesgada

Milei y su asesor nuclear, Demian Reidel, han promocionado la Patagonia ante empresas de Silicon Valley como destino "ideal" para infraestructura de inteligencia artificial: terrenos relativamente baratos, vientos fuertes para apoyo con renovables y, potencialmente, reactores nucleares dedicados a alimentar centros de datos a gran escala.

Desde el punto de vista energético, la propuesta no es absurda. Los clústeres de entrenamiento de IA pueden consumir electricidad al nivel de ciudades pequeñas, y las empresas buscan fuentes estables y de bajo carbono para garantizar carga de base. Un SMR en las inmediaciones podría, en teoría, asegurar previsibilidad de precios durante décadas.

En el plano político, sin embargo, el terreno es mucho más inestable. Las provincias patagónicas cuentan con algunos de los grupos cívicos ambientalistas más movilizados de Argentina, y muchos votantes ya perciben al poder central como distante y extractivo. La introducción de centrales nucleares con capital extranjero para servir a empresas tecnológicas también extranjeras puede profundizar ese resentimiento.

Qué significa en la práctica "colonia energética"

Cuando los activistas hablan de "colonia energética", no se trata solo de una figura retórica. La expresión describe un patrón en el que:

  • Los recursos naturales se extraen principalmente para satisfacer la demanda externa
  • El procesamiento, el desarrollo tecnológico y los empleos de mayor valor se generan fuera del país
  • Las comunidades locales soportan riesgos ambientales y sociales durante largos períodos
  • Las decisiones estratégicas pasan a estar guiadas por prioridades de seguridad o de mercado externas

Visto desde esa perspectiva, exportar uranio para apoyar la seguridad energética de EE.UU., aparcar tecnología propia como el CAREM y vincular la nueva infraestructura a inversores extranjeros deja de parecer un conjunto de decisiones aisladas para acercarse a una trayectoria coherente y deliberada.

La visión alternativa, defendida por muchos científicos argentinos, no es antinuclear. Todo lo contrario: propone la energía nuclear en combinación con los fuertes vientos de la Patagonia y el intenso sol del noroeste como una mezcla de bajo carbono. La discrepancia está en quién fija las condiciones: un Estado soberano que acumula capacidades a largo plazo, o un proveedor de recursos que compite en materias primas mientras otros controlan los reactores, la propiedad intelectual y el software.

Para quienes viven en lugares como Cerro Cóndor, esta diferencia está muy lejos de ser teórica. Representa la distancia entre un futuro en el que sus tierras contribuyen a generar electricidad estable y empleos dignos en el país, y otro en el que solo quedan las excavaciones abandonadas, los residuos cercados y otra generación preguntándose adónde fue a parar la riqueza prometida.

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