Principal asesor del tribunal de la UE afirma que miles de millones fueron liberados indebidamente para Hungría

El máximo asesor jurídico de la UE cuestiona el desbloqueo de fondos a Hungría

Bruselas vuelve a encontrarse bajo una intensa presión tras el pronunciamiento de una de las principales asesoras jurídicas de la Unión Europea, que ha puesto en entredicho una decisión financiera de enorme calado relacionada con Hungría.

La elección de la Comisión Europea de liberar miles de millones de euros para Budapest queda ahora envuelta en una profunda incertidumbre, reabriendo el debate sobre cómo la UE aplica —y hace cumplir— sus propios criterios de Estado de derecho.

La asesora del TJUE impugna la decisión de la Comisión sobre el pago a Hungría

La abogada general del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), Tamara Ćapeta, ha solicitado formalmente a los magistrados del tribunal que anulen una decisión emblemática de la Comisión Europea que permitió que fondos previamente congelados volvieran a fluir hacia Hungría.

En juego hay aproximadamente 10.000 millones de euros que habían sido suspendidos ante las graves preocupaciones sobre corrupción y el deterioro de la independencia judicial bajo el gobierno nacionalista del primer ministro Viktor Orbán.

En su dictamen escrito, Ćapeta sostiene que la Comisión actuó de forma precipitada al concluir, a finales de 2023, que Hungría había cumplido las condiciones vinculadas a ese dinero.

La asesora afirma que, en el momento en que la Comisión decidió liberar los fondos, Hungría todavía no había aplicado de manera efectiva las reformas judiciales exigidas.

El asunto pasa ahora a manos de los jueces del TJUE, que deberán pronunciarse en los próximos meses. Aunque no están obligados a seguir el criterio de la abogada general, lo hacen en la mayoría de los casos, lo que convierte este dictamen en políticamente explosivo tanto en Bruselas como en Budapest.

Cómo se congelaron los fondos y, después, se desbloquearon

El origen del conflicto se remonta a 2022, año en que la Comisión recurrió por primera vez a nuevos instrumentos para proteger el presupuesto de la UE frente a riesgos relacionados con el Estado de derecho.

Ante los persistentes informes sobre corrupción, presiones sobre los magistrados y la reducción del espacio de actuación de las instituciones independientes en Hungría, la Comisión congeló parte de los fondos de cohesión y de recuperación destinados al país.

El gobierno de Orbán fue informado de que ese dinero permanecería inaccesible hasta que presentara y pusiera en práctica un conjunto de reformas diseñadas para reforzar la independencia judicial y mejorar la supervisión del gasto público.

En 2023, la Comisión anunció que Budapest había registrado avances suficientes para justificar el desbloqueo de una parte de la ayuda. Esa decisión abrió el camino al pago de aproximadamente 10.000 millones de euros procedentes de distintos programas de la UE.

Poco después, varios críticos en el Parlamento Europeo acusaron a la Comisión de haber "cedido" ante Orbán justo antes de una cumbre decisiva en la que los líderes europeos necesitaban el apoyo húngaro para un importante paquete de asistencia a Ucrania.

El Parlamento reacciona y señala "errores manifiestos" en la evaluación de la Comisión

A principios de 2024, el Parlamento Europeo adoptó la inusual medida de llevar a la Comisión ante los tribunales, alegando que esta cometió "errores manifiestos" al valorar las reformas húngaras.

Los eurodiputados argumentaron que existían escasos indicios de que los cambios prometidos por Budapest hubieran sido plenamente adoptados y, sobre todo, aplicados de forma efectiva en la práctica.

La acción del Parlamento sugiere que la liberación de los fondos no solo fue prematura, sino que también pudo haber estado influida por consideraciones políticas en un momento delicado para la unidad europea en torno a Ucrania.

El dictamen de Ćapeta se alinea en gran medida con esa crítica. Según la abogada general, la Comisión:

  • No evaluó adecuadamente el estado real de las reformas judiciales en Hungría
  • Aplicó incorrectamente sus propias condiciones al valorar el cumplimiento
  • No explicó con claridad por qué consideró suficientes dichas reformas
  • No fue transparente en su proceso interno de toma de decisiones

La conclusión es nítida: el dinero europeo no debe transferirse a un Estado miembro mientras los cambios legislativos necesarios no estén no solo aprobados, sino también vigentes y funcionando de manera efectiva.

¿Qué ocurre si el TJUE da la razón a la asesora?

Si el Tribunal de Justicia respalda el criterio de la abogada general y del Parlamento Europeo, la decisión de la Comisión de liberar el dinero podría quedar anulada.

Eso no significa necesariamente que Bruselas exija de inmediato a Hungría la devolución directa de cada euro. Expertos en derecho europeo señalan que el escenario más probable es que la Comisión compense las cantidades cuestionadas mediante la reducción o redirección de futuros pagos.

Cuestión clave Consecuencia potencial
¿Se anula la decisión de 2023? La base jurídica para liberar 10.000 millones de euros dejaría de existir.
¿Qué ocurre con los importes ya pagados? La Comisión podría recuperarlos reduciendo asignaciones futuras.
¿Qué precedente queda establecido? Mayor control judicial sobre cómo aplica la Comisión las condiciones de Estado de derecho.

Independientemente del mecanismo financiero elegido, la sentencia determinará cuánto margen de maniobra tendrá la Comisión para supervisar las vulneraciones del Estado de derecho en cualquier Estado miembro, y no solo en Hungría.

Hungría sigue sin acceso a otros fondos europeos

Incluso con este desbloqueo parcial, una parte significativa de la financiación europea destinada a Hungría permanece bloqueada. Se incluyen importes vinculados a litigios separados sobre libertad académica, derechos LGBTQ+ y política de asilo.

Orbán ataca con frecuencia a Bruselas, acusando a la Comisión de chantaje e injerencia en asuntos internos.

Por su parte, defiende que Hungría está siendo castigada por seguir una agenda conservadora centrada en la soberanía nacional, que choca con las posiciones liberales predominantes en Europa Occidental.

Por ahora, el bloqueo tiene un coste elevado: miles de millones permanecen fuera del alcance de Budapest, mientras la inflación y el alto coste de financiación presionan la economía húngara.

Un enfrentamiento jurídico con fuerte carga política entre Bruselas y Budapest

Este caso llega en un momento especialmente delicado para ambas capitales.

Para la UE, pone en evidencia la tensión entre principios jurídicos y negociación política. Los líderes necesitan el voto de Orbán en decisiones importantes sobre Ucrania, sanciones y futuras ampliaciones. Al mismo tiempo, crece la presión de ciudadanos y eurodiputados para que la UE no financie a gobiernos acusados de vaciar la democracia.

Para Hungría, el diferendo surge cuando Orbán enfrenta el desafío interno más serio de sus 16 años en el poder.

El rival de centroderecha Péter Magyar y su partido, Tisza, encabezan muchas encuestas antes de las elecciones previstas para abril. Magyar promete restaurar el Estado de derecho, reducir la corrupción y recomponer las relaciones con las instituciones europeas.

El desenlace de esta batalla judicial podría integrarse directamente en la narrativa electoral: o refuerza la tesis de Orbán sobre la persecución por parte de la UE, o da fuerza al argumento de la oposición de que las políticas del primer ministro tienen un alto coste económico.

Qué significa en la práctica la "condicionalidad del Estado de derecho" en la UE

El litigio se basa en un instrumento conocido como mecanismo de condicionalidad del Estado de derecho, que permite a la UE retener fondos cuando las debilidades institucionales de un Estado miembro generan riesgos para el presupuesto europeo.

Ese riesgo puede derivarse de una independencia judicial limitada, organismos anticorrupción ineficaces o presiones sobre los fiscales encargados de investigar el uso indebido de fondos europeos.

En la práctica, el procedimiento atraviesa varias etapas:

  • La Comisión identifica las preocupaciones y abre un procedimiento formal.
  • El Estado miembro dispone de tiempo para proponer reformas.
  • La Comisión evalúa si las reformas no solo se han prometido, sino que están implementadas y funcionando.
  • Si los problemas persisten, los pagamentos pueden suspenderse o reducirse.

El dictamen de Ćapeta se centra en el tercer punto: defiende que la Comisión trató promesas legales "sobre el papel" como si fueran reformas plenamente ejecutadas, sin verificar su funcionamiento cotidiano.

Por qué este caso importa más allá de Hungría

Otros Estados miembros, desde Polonia hasta Eslovaquia, siguen atentamente el desenlace. Una resolución contundente contra la Comisión enviaría la señal de que Bruselas debe ser especialmente rigurosa al certificar reformas y autorizar desembolsos.

Al mismo tiempo, una postura más firme del tribunal podría reducir la flexibilidad política. Si los jueces imponen un listón elevado para demostrar reformas reales y operativas, la Comisión dispondrá de menos margen para cerrar acuerdos en negociaciones tensas.

Eso puede interpretarse de formas opuestas: los ciudadanos preocupados por la corrupción y los retrocesos democráticos podrían ver ventajas en una supervisión más estricta; los líderes nacionales sometidos a escrutinio, en cambio, podrían percibir el cambio como una transferencia de poder desde las capitales hacia Bruselas y Luxemburgo, sede del TJUE.

Para las empresas que operan en Hungría, el episodio recuerda que el acceso a los fondos europeos no depende únicamente de proyectos económicos, sino también de garantías jurídicas. Los retrasos o recortes en los pagos pueden afectar a obras de infraestructura, proyectos de investigación y planes de desarrollo regional que se apoyan en flujos de financiación plurianuales.

Si una sentencia del tribunal obligara a la Comisión a recuperar parte de los 10.000 millones de euros, las autoridades húngaras podrían enfrentarse a presupuestos más ajustados, aplazando iniciativas, reajustando prioridades o buscando financiación alternativa en un contexto económico ya exigente.

Además, este caso podría llevar a la Comisión y a los Estados miembros a reforzar la manera en que documentan y demuestran resultados: indicadores de rendimiento, auditorías independientes y pruebas de aplicación efectiva de las reformas podrían ganar protagonismo antes de cualquier futuro desbloqueo, haciendo el proceso más predecible, pero también más lento y más exigente.

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