Dieta vegetariana asociada a menor riesgo de 5 tipos de cáncer: cuáles son y por qué

Lo que revela una investigación con casi dos millones de personas

Una nueva investigación internacional que siguió a casi dos millones de personas durante más de una década sugiere que prescindir de la carne podría estar asociado a diferencias mensurables en el riesgo de desarrollar ciertos cánceres. Al mismo tiempo, el estudio plantea dudas importantes sobre las dietas veganas cuando no están bien planificadas, especialmente en lo que respecta a una ingesta baja de calcio.

Cómo se llevó a cabo el estudio

El análisis fue liderado por investigadores de la Universidad de Oxford y publicado en el British Journal of Cancer. Para realizarlo, combinaron datos procedentes de grandes estudios poblacionales en el Reino Unido, Estados Unidos, Taiwán e India.

En total participaron más de 1,8 millones de adultos: aproximadamente 1,64 millones consumidores de carne, más de 63.000 vegetarianos y cerca de 9.000 veganos, con un seguimiento medio de 16 años.

Al inicio del estudio, los participantes informaron sobre sus hábitos alimentarios: frecuencia de consumo de carne roja y procesada, aves, pescado, lácteos, huevos, fruta, verduras y hortalizas, cereales y legumbres.

Un seguimiento prolongado y un elevado número de diagnósticos permitieron comparar los patrones alimentarios con tipos específicos de cáncer.

A lo largo del estudio se registraron 220.387 diagnósticos, entre ellos cáncer de mama, próstata e intestino (colorrectal), además de riñón, páncreas, mieloma múltiple y cáncer de esófago.

La dieta vegetariana y los cinco cánceres con menor riesgo

Al comparar a los vegetarianos con los consumidores habituales de carne, los investigadores observaron un menor riesgo relativo en cinco tipos de cáncer:

  • Cáncer de páncreas
  • Cáncer de próstata
  • Cáncer de mama
  • Cáncer de riñón
  • Mieloma múltiple

La reducción varió según el tipo de cáncer. Estos son los valores aproximados y relativos; no significan directamente "menos X casos":

  • Cáncer de páncreas: −21%
  • Cáncer de riñón: −28%
  • Mieloma múltiple: −31%
  • Cáncer de próstata: −12%
  • Cáncer de mama: −9%

Dado que el cáncer de mama, el de próstata y el de páncreas tienen un gran peso en la mortalidad oncológica en muchos países europeos, incluso diferencias relativas pequeñas pueden tener un impacto notable cuando se analizan a escala poblacional.

¿Qué podría explicar este menor riesgo?

Es importante aclarar que se trata de un estudio observacional: identifica asociaciones, pero no demuestra una relación de causa y efecto. Dicho esto, existen mecanismos biológicos plausibles, especialmente cuando la dieta vegetariana se basa en alimentos poco procesados.

En términos generales, los patrones alimentarios vegetarianos tienden a caracterizarse por:

  • Mayor aporte de fibra procedente de cereales integrales, legumbres, frutas y verduras, lo que favorece el tránsito intestinal y se ha asociado en varios estudios a un menor riesgo de cáncer colorrectal
  • Mayor presencia de compuestos vegetales como antioxidantes y fitoquímicos, así como una mayor variedad alimentaria
  • Menor consumo de carne procesada y, en muchos casos, de carne roja, dos grupos vinculados frecuentemente a un mayor riesgo de ciertos cánceres
  • Mayor facilidad para mantener un peso corporal estable, algo relevante dado que el exceso de peso está asociado a varios tipos de cáncer

En el caso del mieloma múltiple y otros cánceres hematológicos, el peso corporal podría ser un factor clave. En muestras amplias, los vegetarianos presentan habitualmente un IMC medio más bajo que los consumidores de carne.

Respecto al cáncer de riñón, una hipótesis es que el consumo elevado y prolongado de proteína animal y determinados compuestos asociados a la carne podría influir en la inflamación y en la función renal con el paso del tiempo. Sin embargo, este mecanismo no fue analizado directamente en este estudio.

¿Y qué ocurre con la carne roja y la procesada?

Las carnes procesadas —como el jamón cocido, el chorizo, las salchichas, el beicon, el jamón serrano y otros embutidos curados— llevan décadas siendo objeto de investigación. Pueden contener nitritos y nitratos que, bajo ciertas condiciones, pueden contribuir a la formación de compuestos potencialmente cancerígenos.

La Organización Mundial de la Salud clasifica la carne procesada como "carcinógena para los humanos", con evidencia más sólida para el cáncer colorrectal. La carne roja, por su parte, está clasificada como "probablemente carcinógena".

Una referencia habitual en síntesis internacionales indica que incrementos en el consumo de carne procesada (por ejemplo, 50 g más al día) se asocian a un aumento del riesgo relativo de cáncer colorrectal. No obstante, el riesgo absoluto de cada persona depende del conjunto de factores: peso, consumo de alcohol, tabaco, actividad física, antecedentes familiares y participación en programas de cribado.

En este análisis, el patrón fue menos marcado que en otros trabajos. Una razón probable es que los consumidores de carne del grupo eran, en promedio, moderados: declararon un consumo de unos 17 g/día de carne procesada, lo que los sitúa lejos de ser grandes consumidores.

En definitiva, la comparación no fue "vegano frente a gran consumidor de embutidos", sino entre grupos que en general ya tendían a tener hábitos de salud más cuidadosos. Los autores sugieren que, con consumos más elevados de carne, las diferencias observadas podrían ser mayores.

El resultado sorprendente en veganos: mayor riesgo de cáncer intestinal

En el grupo vegano apareció una señal inesperada: un riesgo relativo de cáncer colorrectal aproximadamente un 40% más elevado en comparación con los consumidores de carne.

Esto no prueba que "ser vegano aumente el riesgo". El número de veganos era reducido —cerca de 9.000 personas—, lo que hace que la estimativa sea estadísticamente menos estable. Además, pueden existir diferencias no medidas como el patrón de consumo de alimentos ultraprocesados, la suplementación o el historial de participación en cribados. Conviene recordar también que el riesgo relativo no equivale al riesgo absoluto: un aumento porcentual puede corresponder a una diferencia pequeña en número de casos, según la incidencia de base.

Las hipótesis que los investigadores discuten incluyen:

  • Ingesta baja de calcio: en el estudio, la media rondaba los 590 mg/día, por debajo de los valores habitualmente recomendados en Europa (muchas guías apuntan a entre 800 y 1.000 mg/día en adultos). El calcio puede unirse a ciertas sustancias en el intestino y se ha asociado en algunos estudios a un menor riesgo colorrectal.
  • Diferencias en el microbioma intestinal: las dietas estrictamente vegetales pueden alterar el perfil bacteriano del intestino, lo cual puede ser beneficioso en muchos casos, pero no es "automáticamente protector".
  • Tamaño reducido de la muestra y mayor incertidumbre estadística.

"Vegano" describe lo que se excluye, no garantiza calidad nutricional. El calcio, la vitamina B12 y el zinc son puntos críticos que requieren atención especial.

Los autores subrayan que se necesita más investigación antes de extraer conclusiones firmes. Este análisis no logra separar con total claridad el efecto de eliminar la carne del efecto de otros patrones propios de las dietas veganas, incluyendo el grado de fortificación, el uso de suplementos y el nivel de procesamiento de los alimentos.

Otros patrones alimentarios: el pescado y las aves también importan

El estudio también diferenció a los pescetarianos —quienes consumen pescado pero no carne— y a quienes comen aves limitando el consumo de carne roja y procesada.

Los resultados fueron más específicos:

  • Pescetarianos: menor riesgo de cáncer de mama, riñón e intestino.
  • Consumidores de aves con poco o ningún consumo de carne roja o procesada: menor riesgo de cáncer de próstata.

La conclusión práctica es sencilla: lo que cuenta es el patrón alimentario global. Sustituir las carnes procesadas por pescado o por proteínas vegetales como las judías, los garbanzos, las lentejas o el tofu puede marcar una diferencia, incluso sin adoptar una alimentación totalmente vegetariana.

Dieta vegetariana y cáncer de esófago

Se detectó una posible señal de alerta: los vegetarianos que consumen lácteos y huevos presentaron casi el doble de riesgo de carcinoma de células escamosas de esófago.

Los números fueron bajos, por lo que la estimación es incierta. Aun así, tiene sentido prestar atención a los factores que más influyen en este tipo de cáncer —el tabaco y el alcohol— y a la calidad global de la dieta. Los autores plantean hipótesis como posibles deficiencias de ciertos micronutrientes, como la riboflavina y el zinc, que pueden afectar a la integridad del revestimiento del esófago y a la reparación de daños, incluidos los asociados al consumo de bebidas muy calientes.

Por qué este análisis va más allá de "carne versus plantas"

Uno de los puntos fuertes del estudio fue el intento de aislar el efecto de la alimentación de otros factores. Los modelos estadísticos ajustaron por edad, sexo, IMC, tabaquismo, consumo de alcohol, actividad física y nivel socioeconómico.

Los investigadores también repitieron los análisis excluyendo los primeros años de seguimiento para reducir la posibilidad de "causalidad inversa", es decir, que personas ya enfermas hubieran modificado su dieta antes del diagnóstico.

En estudios que abarcan décadas, distinguir el efecto de la dieta del efecto del estilo de vida en su conjunto es fundamental, aunque nunca se consigue de forma perfecta.

Con todo, existen las limitaciones habituales en este tipo de investigaciones: los registros alimentarios conllevan cierto margen de error, y quienes optan por dietas vegetarianas o veganas pueden diferir en otros hábitos, incluyendo el uso de suplementos, los patrones de sueño o la frecuencia con la que acuden a controles preventivos y programas de cribado.

Conclusiones prácticas

En conjunto, los resultados respaldan una idea valiosa: una dieta sin carne, bien planificada y basada en alimentos poco procesados, está asociada a un menor riesgo de al menos cinco tipos de cáncer: mama, próstata, páncreas, riñón y mieloma múltiple.

Sin embargo, la señal observada en los veganos refuerza un punto práctico esencial: excluir todos los alimentos de origen animal exige planificación y, en muchos casos, recurrir a alimentos fortificados o suplementos. Los nutrientes que conviene vigilar son:

  • Calcio: bebidas vegetales fortificadas, tofu con calcio, coles, semillas de sésamo y tahini; atención a las bebidas vegetales no fortificadas
  • Vitamina B12: para los veganos, el suplemento es en la práctica casi siempre necesario; también puede obtenerse a través de alimentos fortificados
  • Vitamina D, yodo, hierro y zinc: dependen en gran medida de las elecciones alimentarias y de la absorción individual; puede ser útil revisar los niveles con un profesional sanitario

Dos personas que se identifiquen como "veganas" pueden tener perfiles nutricionales muy distintos: una basada en ultraprocesados como patatas fritas, pan blanco, snacks y refrescos, y otra centrada en legumbres, cereales integrales, hortalizas, fruta, frutos secos, semillas, alimentos fortificados y vitamina B12. La etiqueta es la misma; el patrón alimentario no lo es en absoluto.

Para quienes consumen carne y no desean o no pueden eliminarla de momento, la orientación práctica sigue siendo coherente con la prevención: reducir la carne procesada, moderar la carne roja, optar por pescado y aves, y aumentar el consumo de fibra a través de legumbres y cereales integrales. Y no olvidar lo fundamental, que a menudo influye más que cualquier "etiqueta" dietética: no fumar, moderar el alcohol, mantenerse activo y mantener un peso saludable. Además, cumplir con los cribados recomendados, porque ninguna dieta sustituye la detección precoz.

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