Este «monstruo» de 1.700 kg sigue sorprendiendo a Rusia y China, que no logran igualar el motor más potente del mundo.

El núcleo de 1.700 kg del poder aéreo estadounidense: el F135

Un bloque metálico de 7 toneladas está reconfigurando, de forma silenciosa, el equilibrio militar y redibujando alianzas industriales a escala global.

Diseñado por Pratt & Whitney para el F‑35 estadounidense, el motor F135 se ha convertido en el estándar de referencia que Rusia y China todavía no han logrado igualar, a pesar de inversiones colosales y programas rivales enormemente ambiciosos.

El F135 es el único motor que equipa todas las variantes del F‑35: el F‑35A (convencional), el F‑35C (embarcado en portaaviones) y el F‑35B (despegue corto y aterrizaje vertical).

Con aproximadamente 1.700 kg de peso y construido con titanio, materiales compuestos avanzados y aleaciones resistentes a altas temperaturas, genera más de 180 kN de empuje. En términos prácticos, con la postcombustión activada, esto equivale a unos 18.000 kgf.

El F135 es, a día de hoy, el motor de combate operacional más potente del planeta, y el único utilizado a gran escala en un avión furtivo de quinta generación.

Pero ese rendimiento no se reduce a fuerza bruta. El motor está profundamente integrado con la electrónica del F‑35: los comandos de potencia, la gestión térmica, el caudal de combustible e incluso las características del chorro de escape son modulados por software en milisegundos, equilibrando rendimiento, sigilo y vida útil.

La confianza del Pentágono queda reflejada en sus contratos: en 2025, Washington firmó un nuevo acuerdo valorado en aproximadamente 2.600 millones de euros para producir el lote "Lot 18" de motores F135, con decenas de unidades saliendo de las fábricas estadounidenses durante varios años.

Cómo el F135 ayuda a un avión furtivo a permanecer invisible

El arte de volar sin dejar rastro

La furtividad no depende únicamente de fuselajes angulares y revestimientos especiales. En muchos escenarios, el motor es precisamente el elemento que más "delata" a un caza: por el calor y el ruido, pero también por las firmas detectables por radar.

El F135 fue concebido para reducir dos huellas críticas para las defensas aéreas modernas: la radar y la infrarroja. Las fases del ventilador y del compresor quedan mejor ocultas gracias al diseño de la entrada de aire, y los gases de escape se mezclan y enfrían para atenuar la pluma térmica.

Con un sistema de control totalmente digital, el F135 ajusta de forma continua el empuje, la temperatura del escape e incluso los niveles de ruido, manteniendo al avión difícil de rastrear sin sacrificar rendimiento.

Este "cerebro" digital no es un simple mando de acelerador. El motor se comunica con el ordenador de misión y con los sensores del F‑35. Si es necesario volar de forma discreta a baja altitud o acelerar hasta alta velocidad, el software del motor modifica su comportamiento para adaptarse al momento.

En zonas con defensas aéreas densas, esa flexibilidad puede marcar la diferencia entre cruzar una burbuja de radar sin ser detectado o aparecer de inmediato en todas las pantallas de alerta temprana al alcance.

La fiabilidad que pilotos y mecánicos se toman muy en serio

Un "caballo de batalla" hecho para la disponibilidad permanente

Para los pilotos de combate y los equipos de mantenimiento, la confianza en el motor es tan vital como el empuje en sí. Y entre los operadores del F‑35, hay un término que aparece de forma recurrente: fiabilidad.

El F135 no ha acumulado una serie prolongada de fallos catastróficos como los que marcaron algunos motores de alto rendimiento en décadas pasadas. Soporta potencia máxima sin vibraciones severas y no ha ganado fama de dañar sellos o álabes de turbina durante operaciones intensivas.

Una de las razones es su sistema interno de monitorización. El motor integra un conjunto de sensores que mide de forma continua presiones, temperaturas, vibraciones y velocidades de rotación.

En la práctica, el F135 se "autodiagnostica" en vuelo: señala anomalías antes de que se conviertan en averías y envía datos a los sistemas de mantenimiento en tierra.

Este modelo de mantenimiento predictivo reduce el tiempo de inmovilización y minimiza las averías inesperadas. Hay operadores que reportan tasas de disponibilidad cercanas al 95% en unidades de primera línea, un valor elevado para un sistema de tanta complejidad.

Persisten dificultades relacionadas con los costes y la logística, pero para los países que adquieren el F‑35, la fiabilidad del motor es uno de los argumentos técnicos más sólidos de todo el programa.

Rusia y China corren para acortar distancias

Por qué los motores de Moscú y Pekín siguen rezagados

El caza más avanzado de Rusia, el Sukhoi Su‑57, usa principalmente el motor AL‑41F1, una evolución de arquitecturas anteriores. Por su parte, China trabaja en el WS‑15 para versiones futuras de su caza furtivo J‑20.

Motor Aeronave principal Empuje máximo (postcombustión) Enfoque en sigilo Estado
F135‑PW‑100 F‑35A/B/C ≈180 kN Elevado (radar e infrarrojos) En servicio pleno
AL‑41F1 Su‑57 ≈147 kN Parcial Flota limitada
WS‑15 Variante futura del J‑20 Objetivo 180–200 kN Planificado En desarrollo

El AL‑41F1 ofrece un nivel respetable de empuje y potencial de supercrucero, pero su integración con la célula del Su‑57 no alcanza los estándares occidentales de furtividad. Los reflejos de radar en la cara del motor y las emisiones infrarrojas en el escape siguen siendo puntos problemáticos.

El WS‑15 chino, sobre el papel, pretende igualar o incluso superar los valores del F135 y permitir el vuelo supersónico sostenido sin postcombustión. Sin embargo, el programa ha sufrido retrasos y problemas típicos de maduración, incluidas dudas sobre los materiales para altas temperaturas y la durabilidad de los álabes de la turbina.

Ni los motores rusos ni los chinos están, por el momento, instalados en gran número en flotas furtivas operacionales con un ecosistema digital de mantenimiento tan maduro como el del programa F‑35.

Desde un punto de vista estratégico, esa diferencia le da tiempo a Washington. Los planificadores estadounidenses esperan que los rivales recorten la brecha tecnológica a lo largo de la década de 2030, pero por ahora el F135 mantiene una ventaja clara, tanto en rendimiento como en escala industrial.

El motor del F‑35 como "cerrojo" geopolítico

Un sistema de propulsión que ancla a los aliados

El F‑35 es mucho más que un caza "en venta". Funciona también como instrumento político, y el F135 está en el centro de ese engranaje.

Más de una docena de fuerzas aéreas aliadas dependen de Pratt & Whitney para motores, repuestos y datos técnicos. Hasta 2024, el programa global del F‑35 ya superaba los 65.000 millones de euros, sumando producción, mantenimiento, entrenamiento e infraestructura.

Cada F135 entregado crea una dependencia a largo plazo: desde actualizaciones de software hasta piezas de repuesto, los aliados quedan vinculados a las normas y cadenas de suministro estadounidenses durante décadas.

Para Washington, esto refuerza la interoperabilidad y la influencia. Para los socios, significa acceso a capacidades de primer nivel, pero con una inevitable reducción del margen de autonomía.

Costes, polémica y temores de soberanía

El coste por hora de vuelo del F‑35 sigue por encima de los 35.000 € para muchos operadores, muy por encima de las promesas iniciales. Los fallos de software, los retrasos en la introducción de nuevos bloques de hardware y los cuellos de botella en la formación alimentan el descontento.

En países como Canadá y Suiza se produjeron debates públicos intensos sobre si la adhesión al F‑35, y por extensión al ecosistema del F135, podría debilitar la independencia militar.

  • El mantenimiento y las modernizaciones están fuertemente centralizados.
  • El acceso a datos sensibles está rígidamente controlado por Estados Unidos.
  • Las modificaciones locales suelen requerir la aprobación de Lockheed Martin y de las autoridades estadounidenses.

Los críticos sostienen que, una vez que un país se compromete con el F‑35, cambiar a otro caza o incluso implementar una modernización nacional del motor resulta enormemente costoso, tanto política como técnicamente. Quienes apoyan el programa responden que la ventaja operacional compensa esa dependencia.

Cómo se posiciona el F135 frente a los motores europeos

Europa opera dos motores modernos de referencia: el Eurojet EJ200, del Eurofighter Typhoon, y el M88‑2, liderado por Safran, del Dassault Rafale.

El EJ200 prioriza una elevada relación empuje-peso y la agilidad, pero el Typhoon no nació como plataforma furtiva. La instalación del motor y el escape no fueron optimizados para reducir las firmas de radar y calor de la misma forma que el conjunto F135–F‑35.

El M88‑2 francés apuesta por la versatilidad y la fiabilidad en un caza de "generación 4,5". Es más compacto y menos potente que el F135, pero el diseño del Rafale aprovecha esas características en misiones multirrol, incluidas operaciones embarcadas y ataque de largo alcance.

Mientras el F135 busca el máximo empuje y la integración con el sigilo en un caza pesado de quinta generación, los motores europeos sirven a aviones más ligeros y polivalentes, basados en otras filosofías de diseño.

Dos factores adicionales que explican la ventaja del F135

Más allá de los números de empuje y del sigilo, existen dimensiones menos visibles que también pesan en el dominio del F135.

La primera es la escala industrial y de soporte: una flota mundial extensa permite compartir inventarios, procesos y rutinas de mantenimiento, con efectos directos sobre la disponibilidad. Cuantos más usuarios y más motores en circulación, mayor es la capacidad de estabilizar cadenas de suministro y acelerar correcciones en piezas y procedimientos.

La segunda es la evolución mediante software: en un motor profundamente digital, las mejoras de control, gestión térmica y diagnósticos pueden introducirse de forma incremental. Esto ayuda a mantener al F135 competitivo a medida que surgen nuevas amenazas, sensores y perfiles de misión, desde la penetración furtiva a gran altitud hasta operaciones en entornos saturados por defensas aéreas y drones.

Conceptos clave detrás de este "monstruo" de 1.700 kg

Algunos términos técnicos aparecen con frecuencia en los debates sobre el F135 y sus competidores:

  • Empuje (kN): la fuerza generada por el motor. Cuanto mayor, mejor la aceleración, la tasa de ascenso y la capacidad de transportar armamento pesado.
  • Postcombustión: fase adicional de combustión en el escape que inyecta combustible para picos cortos de empuje extremo, con un consumo muy elevado y una firma infrarroja mucho más intensa.
  • Caza de quinta generación: denominación informal para aviones que combinan geometría furtiva, fusión de sensores, enlaces de datos avanzados y computación potente, manteniendo una elevada maniobrabilidad.
  • Control digital del motor: gestión del motor por software, que permite ajustes finos de rendimiento, detección de fallos y optimización para cada fase de la misión.

Vista desde este ángulo, la principal ventaja del F135 no es un único número récord. Es la suma de empuje elevado, un diseño consciente del sigilo y una integración digital profunda con la aeronave.

Aunque Rusia y China lleguen algún día a valores de potencia equivalentes, todavía tendrán que igualar el ecosistema completo: mantenimiento predictivo, redes globales de soporte y actualizaciones de software que mantengan al motor competitivo a medida que las amenazas evolucionan. Hasta entonces, este "monstruo" de 1.700 kg otorga al F‑35, y por extensión a Estados Unidos y sus aliados, una ventaja significativa en los cielos.

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