Este monstruo militar europeo con tecnología de F1 deja atrás a los tanques americanos en los terrenos más exigentes.

Un blindado europeo que no se comporta como un tanque convencional

A simple vista parece un vehículo de combate de infantería más. Pero esconde un as bajo la manga: una suspensión activa inspirada en la Fórmula 1 que le permite avanzar a gran velocidad por terrenos donde los tanques estadounidenses, mucho más pesados, se ven obligados a reducir hasta casi detenerse.

El protagonista de este silencioso cambio de paradigma es el CV90, una familia de vehículos de combate de infantería desarrollada por BAE Systems Hägglunds en Suecia. Con aproximadamente 35 toneladas, no compite directamente con los carros de combate principales como el M1 Abrams estadounidense. Sin embargo, en la práctica termina cumpliendo misiones muy similares en las líneas del frente más expuestas.

Con las modernizaciones más recientes, el CV90 ha pasado de ser una plataforma robusta y contrastada a convertirse en uno de los vehículos de combate más ágiles en servicio activo. El elemento clave es su suspensión activa, basada en tecnologías que se hicieron famosas en la Fórmula 1 de los años noventa. El resultado práctico se traduce en velocidades todoterreno muy superiores, mayor precisión de tiro en movimiento y menor fatiga para las tripulaciones.

La suspensión activa de inspiración Formula 1 del CV90 puede incrementar la velocidad fuera de carretera hasta un 40% respecto a vehículos de cadenas con suspensión convencional.

Para los comandantes que necesitan trasladar tropas rápidamente a través de barro, nieve o terreno muy irregular, esa diferencia puede marcar la frontera entre llegar primero al objetivo… o no llegar en absoluto.

Por qué la velocidad todoterreno se ha vuelto más importante que nunca

La guerra terrestre moderna se ha alejado de las líneas fijas y las posiciones estáticas, evolucionando hacia un combate móvil y guiado por sensores. Los drones, satélites y radares de superficie hacen que permanecer demasiado tiempo en el mismo lugar sea casi una invitación a ser detectado y atacado. Las unidades necesitan disparar y mover, reposicionarse y reagruparse a un ritmo elevado y constante.

Los carros de combate principales siguen siendo esenciales para romper defensas enemigas, pero su peso y sus suspensiones convencionales limitan la velocidad sostenida en terreno difícil. El CV90, con un casco más ligero y un tren de rodaje avanzado, busca precisamente cubrir esa brecha de movilidad táctica.

La ingeniería de BAE Systems diseñó la suspensión activa para que cada estación de rueda reaccione de forma independiente al suelo. Sensores evalúan continuamente la velocidad, el cabeceo y el balanceo del vehículo, ajustando la amortiguación en tiempo real para mantener el casco lo más nivelado posible.

Al reducir el movimiento vertical en torno a un 40%, el CV90 permite a la tripulación combatir y maniobrar mientras enfrenta terrenos que obligarían a tanques más pesados a reducir su velocidad de forma drástica.

Dejando atrás al Abrams y otros pesos pesados occidentales

Sobre el papel, la diferencia resulta llamativa. Aunque los datos exactos varían y parte de la información militar permanece clasificada, las estimativas comparativas sitúan claramente al CV90 equipado con su sistema de inspiración Formula 1 en una posición ventajosa:

Vehículo Velocidad estimada fuera de carretera Peso Origen
CV90 (suspensión activa) 60–70 km/h 35 t Suecia
Leopard 2A7 45–50 km/h 67,5 t Alemania
M1A2 Abrams SEP v3 40–45 km/h 66,8 t Estados Unidos
Leclerc XLR 50–55 km/h 57,4 t Francia
Puma IFV 55–60 km/h 43 t Alemania

En un campo de entrenamiento exigente o en una zona fronteriza en disputa, esos 15–20 km/h adicionales pueden significar menos tiempo expuesto al fuego enemigo, maniobras de flanqueo más rápidas y un refuerzo más flexible de los sectores amenazados.

De la Fórmula 1 a la guerra: lecciones adaptadas a una máquina de combate de 35 toneladas

La idea de la suspensión activa no es nueva. A finales de los años ochenta y principios de los noventa, los equipos de Fórmula 1 probaron sistemas hidráulicos con control informatizado para mantener los monoplazas "planos" en curva y al pasar por irregularidades. Con el tiempo, los reguladores del deporte acabaron prohibiendo estos sistemas por considerarlos demasiado efectivos y difíciles de fiscalizar.

Trasladar ese concepto a un vehículo de cadenas plantea desafíos muy concretos. Un coche de carreras pesa menos de una tonelada y rueda por un circuito predecible; el CV90 pesa más de 30 veces ese valor y debe lidiar con cráteres de explosiones, tocones, hielo y barro profundo.

Para llegar a un resultado útil, los ingenieros tuvieron que reforzar componentes, proteger sensores contra golpes y metralla, e integrar el conjunto con la gestión energética del vehículo. La recompensa es un blindado capaz de cruzar terrenos donde, tradicionalmente, la tripulación habría tenido que reducir drásticamente la velocidad para evitar lesiones o pérdida de control.

El objetivo no es solo el confort: cuanto más estable sea la plataforma, más fácil resulta mantener el cañón apuntado al objetivo mientras se avanza a alta velocidad.

Experiencia de combate real, no un prototipo de exposición

La familia CV90 está muy lejos de ser un ejercicio experimental. Versiones anteriores fueron empleadas en Afganistán y Liberia, donde las carreteras deterioradas y el riesgo constante de emboscadas llevaron a hombres y máquinas al límite. Esas lecciones alimentaron las evoluciones posteriores, incluida la adopción del paquete de suspensión activa.

Actualmente, siete países europeos operan variantes del CV90, entre ellos Noruega, Finlandia, Dinamarca y los Países Bajos. Con más de 1.300 unidades en servicio, se trata de una de las plataformas de vehículos de combate de infantería más extendidas de toda Europa.

La configuración de inspiración Formula 1 se está incorporando en programas de modernización a mitad del ciclo de vida y en nuevos pedidos, lo que confirma que no se trata de un demostrador puntual para ferias de defensa, sino de una capacidad destinada a la producción y el uso continuados.

Potencia de fuego adaptada a la misión

Pese al protagonismo otorgado a la movilidad, el CV90 mantiene un armamento considerable. Según los requisitos del cliente, puede integrar distintos sistemas:

  • Cañones automáticos desde 25 mm hasta 35 mm de calibre
  • Misiles anticarro guiados en los laterales de la torreta
  • Municiones programables y de explosión aérea para neutralizar drones e infantería protegida por coberturas
  • Estaciones de armas controladas remotamente para ametralladoras secundarias

La arquitectura de control de tiro responde a una lógica conocida como "cazador-matador": el comandante busca amenazas con una mira panorámica, señala un objetivo, y el sistema orienta rápidamente el arma principal para que el tirador abra fuego casi de inmediato.

Reducir el intervalo entre detectar y disparar puede ser tan valioso como añadir blindaje, especialmente en zonas urbanas densas o en áreas boscosas.

Protección que va más allá del acero grueso

La supervivencia en el campo de batalla moderno no depende únicamente del grosor del blindaje. El CV90 combina varias capas de defensa configurables en módulos:

  • Protección QBRN opcional (química, biológica, radiológica y nuclear) con sobrepresión en el compartimento de la tripulación
  • Kits adicionales de blindaje inferior y lateral para resistir minas y artefactos explosivos improvisados
  • Paneles de blindaje en reja o compuestos contra granadas propulsadas por cohete
  • Sistemas de protección activa que detectan proyectiles entrantes y lanzan contramedidas de forma automática

Una opción especialmente llamativa es el ADAPTIV, un sistema de camuflaje térmico. Mediante "baldosas" capaces de alterar su temperatura, el vehículo puede confundir cámaras de infrarrojos, mimetizarse con el entorno o incluso imitar la firma térmica de otra plataforma, como un camión civil.

Un cockpit digital para un campo de batalla en red

Por dentro, el CV90 recuerda menos a una "caja" de acero tradicional y más a un puesto de mando móvil. Pantallas digitales de gran tamaño, cámaras integradas y comunicaciones compatibles con los estándares de la OTAN proporcionan a la tripulación un flujo continuo de información actualizada.

Cuando está equipado con sistemas como el BattleView 360, el comandante puede observar una imagen ampliada y compuesta del exterior, incluyendo lo que hay "más allá" del blindaje. Esto ayuda a reducir los ángulos muertos en bosques densos, localidades urbanas y valles estrechos.

Ver primero, decidir más rápido y moverse antes: ese es el trío de ventajas que los diseñadores del CV90 buscan consolidar en cada actualización.

Dado que la plataforma fue concebida desde el principio para la conectividad digital, puede compartir datos de objetivos con drones, unidades de artillería e infantería cercana, convirtiendo la movilidad bruta en efecto táctico real.

Lo que la suspensión activa significa, en la práctica, para los militares

La expresión puede sonar técnica y lejana. Para quienes van dentro, significa menos golpes violentos, mayor facilidad para leer mapas y pantallas, y mejor capacidad de concentración durante misiones prolongadas. El menor desgaste físico también reduce el riesgo de lesiones y ayuda a mantener la eficacia del equipo tras horas de desplazamiento intenso.

Desde el punto de vista táctico, la suspensión activa permite movimientos laterales más rápidos entre posiciones de tiro. En un escenario donde un radar de artillería enemigo localiza el origen de cada disparo, conseguir desplazarse 1 o 2 km en pocos minutos puede marcar la diferencia entre sobrevivir o ser alcanzado por el fuego de respuesta.

Escenarios en los que la agilidad del CV90 cambia el combate

Imaginemos una columna blindada mixta con tanques Abrams de fabricación estadounidense y CV90 atravesando una zona fronteriza montañosa. Si la fuerza necesita abandonar la carretera para rodear una vía minada, los tanques más pesados pueden verse obligados a reducir hasta 25–30 km/h para preservar la seguridad de la tripulación. Los CV90, en cambio, pueden avanzar sobre terreno irregular, reconocer itinerarios, tomar cruces críticos o proporcionar observación y cobertura desde cotas más elevadas.

En otro escenario, un agrupamiento que defiende una aldea bajo vigilancia de drones necesita reposicionarse tras cada salva. Un vehículo que acelera con fuerza a través de campos abiertos, se mantiene estable en las curvas y llega listo para volver a disparar reduce el intervalo vulnerable en el que puede ser seguido y alcanzado por artillería de largo alcance.

Sumados a lo largo de un día completo de combate, esas ganancias de segundos y minutos se vuelven decisivas: las unidades con mayor velocidad media todoterreno cubren más terreno, responden a más solicitudes de apoyo y evitan las rutinas predecibles que la inteligencia enemiga puede explotar.

Un factor frecuentemente olvidado: logística, formación e interoperabilidad

La movilidad adicional solo se traduce en ventaja si existe el respaldo necesario. Una suspensión activa requiere cadenas de suministro consistentes para sensores, componentes hidráulicos y módulos electrónicos, además de formación específica para mecánicos y equipos de mantenimiento. Cuando esa estructura funciona, la disponibilidad mejora; cuando falla, el sistema puede quedar limitado a un rendimiento equivalente al convencional, o incluso inferior si hay averías sin resolver.

La interoperabilidad también es fundamental. En un teatro europeo donde distintos ejércitos operan codo con codo, una plataforma como el CV90 se beneficia de procedimientos comunes, comunicaciones compatibles y capacidad de compartir datos con observadores avanzados, drones y artillería. La velocidad por sí sola vale menos que la capacidad de convertirla en maniobra coordinada con el resto de la fuerza.

Riesgos, compromisos y lo que puede venir después

La movilidad de alta tecnología no viene sin costes. La suspensión activa añade precio y complejidad, y exige personal formado en software de control, hidráulica y sensores, no solo en mecánica clásica. Si faltan piezas de repuesto, un sistema degradado puede reducir la eficacia del vehículo en lugar de potenciarla.

Existe además un riesgo operacional: cuando un vehículo puede desplazarse muy rápido, puede surgir la tentación de emplearlo en maniobras más arriesgadas. Sin una planificación rigurosa, la velocidad se convierte en exposición, especialmente cuando el apoyo de defensa antiaérea o de guerra electrónica es insuficiente.

Con todo, a medida que los ejércitos europeos observan conflictos donde movilidad y supervivencia se ponen a prueba cada día, el interés por plataformas como el CV90 no deja de crecer. La idea de un "monstruo militar" que aprovecha los trucos de la Fórmula 1 ha dejado de ser una curiosidad llamativa: se está convirtiendo en uno de los estándares con los que los proyectos estadounidenses más pesados y lentos son comparados, de forma silenciosa, en los terrenos más implacables.

Scroll al inicio